de San Antonio
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DICIEMBRE, 2014

SAN ANTONIO Y EL NIÑO JESÚS

Cuentan sus biógrafos que el 19 de mayo de 1231, pocos días antes de su muerte, San Antonio se retiró  al eremitorio de Campo-sampiero,  a unos 20 Km. de Padua. Necesitaba descansar de sus fatigas, ocasionadas  por diversas enfermedades como  asma, hidropesía, dolores de cabeza y de estómago.

Se dice que en medio de sus sufrimientos, mientras oraba y reflexionaba sobre su fin inminente, se le apareció un Niño Jesús sonriente y luminoso, que alegró su corazón.  Su amigo Tiso se sintió atraído por la luz que envolvía la celda de San Antonio,  asistió conmovido a esta escena, e hizo propósito de no contarlo a nadie. Pero una vez muerto el Santo, reveló el suceso.

San Antonio consideraba el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios como un abajamiento, como un abismo de caridad y humildad de Dios que pide de  nosotros actitudes de pobreza y humildad. (Sermón 895)

El Nacimiento de Jesús era motivo de “gozo, alegría y regocijo”. San Antonio quedaba extasiado ante la pequeñez y humildad del Niño.

Escribe en varios de sus sermones:  

-“Le pusieron por nombre Jesús”. Nombre dulce, nombre delicioso, nombre que alienta al pecador y llena de esperanza. Nombre que es júbilo en el corazón, melodía en el oído y miel en la boca”. (Sermón 1953)

-"Si tú predicas a Jesús, Él ablanda los corazones. Si lo invocas, dulcifica las ásperas tentaciones. Si piensas en Él, ilumina tu corazón. Si lo lees, sacia tu mente".

Que la fiesta de Navidad despierte en nuestros corazones el mismo amor que San Antonio sentía al Niño nacido en Belén.

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NOVIEMBRE, 2014

SAN ANTONIO Y LOS POBRES

San Antonio amaba a los pobres de su tiempo, los defendía contra los ricos y los usureros que los explotaban. He aquí algunas frase de sus sermones:

- "Da limosna al peregrino y al pobre; los bienes, en parte, le pertenecen".

- "Da limosna al pobre, no sólo con la mano, sino con el corazón".

- "En vano extiende sus manos para pedir perdón a Dios, quien no las extiende para ayudar al pobre".

En nuestros días, san Antonio sigue ayudando a los pobres por medio de los donativos que sus fieles devotos depositan en la cajeta "Para el pan de los pobres". Gracias a esa generosidad, en el santuario de San Antonio de los capuchinos de Torrero de Zaragoza se reparte comida:

-  140 panecillos cada día en la portería y 75 pobres comen gratis cada día en el comedor del Centro Social de San Antonio.

Así se cumple lo que dice el estribillo del "Responsorio de San Antonio": El peligro se retira, los pobres van remediados"...

 

 

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OCTUBRE, 2014

SAN ANTONIO, MISIONERO Y EVANGELIZADOR

San Antonio abandonó  la Orden de los Canónigos Regulares y se pasó a la Orden Franciscana con un único objetivo: Ser misionero en África. Con una inmensa ilusión se embarcó, en unión con otros franciscanos, a evangelizar Marruecos y dar su vida por Cristo. Sin embargo, tan pronto como llegó a este país, Antonio cayó enfermo, víctima de la malaria. Días y días tuvo que estar sin fuerzas, postrado en la cama. Su generoso sueño de apostolado y de martirio quedó truncado por la enfermedad. Ante esta situación, Antonio tuvo que decir adiós a su querida África. No le quedaba otra alternativa que volver a su patria. Pero Dios se cruzó de nuevo en su camino para hacerle cambiar de dirección. La nave que le conducía a Portugal, acosada por los vientos adversos,  fue empujada hacia las lejanas costas de Sicilia. En Italia encontró a san Francisco de Asís celebrando el Capítulo General de la Orden.

San Antonio de Padua, después de unos años de retiro y oración en el eremitorio de Monte Paolo, irrumpió en la sociedad de su tiempo con el empuje arrollador de un profeta. Predicó el evangelio por las regiones del norte de Italia y sur de Francia, afectadas de herejes cátaros y patarinos. En sus sermones encontramos denuncias audaces contra la corrupción de la Iglesia y contra los odios, explotaciones y abusos de los poderes públicos.

Según los historiadores, San Antonio se convirtió en el más popular y elocuente evangelizador del siglo XIII, arrastrando a las multitudes y convirtiendo a herejes y pecadores. Todos podemos ver en San Antonio un verdadero modelo de cristianos evangelizadores y misioneros, que, con el ejemplo de la vida más que con palabras seductoras, anunciemos el evangelio de Jesús en nuestra familia y en la sociedad.

 

 

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AGOSTO-SEPTIEMBRE, 2014

SAN ANTONIO PREDICA DE LA VIRGEN

 

Hace más de siete siglos, el insigne predicador del evangelio, San Antonio de Padua, con su potente voz y lleno de sabiduría, recorría los pueblos y ciudades de Italia y sur de Francia, ensalzando las glorias de la Virgen. Uno de sus mejores sermones fue con motivo de la fiesta de la Asunción de María al cielo. Recordemos textualmente  algunas consideraciones que explicaba a su público:

“Fue llevada por manos de los ángeles a los aposentos del Rey, a la morada del cielo, donde se sienta el trono de estrellas el  Rey de reyes, felicidad de los ángeles, Jesucristo, el cual amó a la Virgen gloriosa más que a todas las mujeres, pues de ella recibió la carne. Ella encontró  en él, gracia y misericordia más que todas las mujeres…

¿Qué gracia, qué misericordia fue o pudo jamás ser hecha a un ángel o a un hombre, tan grande como la que fue hecha a la bienaventurada Virgen María, que Dios quiso que fuera la Madre de su propio Hijo, igual a él, engendrado antes de todos los siglos? Superior a toda gracia fue la gracia de María Santísima, que tuvo un Hijo con Dios Padre, por lo cual mereció ser coronada en el cielo”. (Sermón 1119)

Esta fiesta de la Asunción de María a la gloria del cielo nos invita a vivir con una esperanza comprometida.

Alguien dijo: “Si yo supiera que mañana se  termina el mundo, todavía hoy plantaría un árbol”. La esperanza por un mundo mejor, más justo y humano, debe orientar la vida de los creyentes. Nuestra tarea es sembrar, plantar, edificar. No pensemos que el  “más allá”, no tiene nada que ver con el “más acá”. No nos quedemos con los brazos cruzados mirando al cielo. Cumplamos, como la Virgen María, la tarea que Dios nos ha encargado en este mundo, y al final, recibiremos el premio de la gloria eterna.

 

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JULIO, 2014

SAN ANTONIO Y EL AMOR A LA NATURALEZA

 

Cuando san Antonio, en plena juventud, inició su vida franciscana, fue destinado a vivir en una ermita, en el lugar llamado Montepaolo, situada en las estribaciones de los Apeninos, frente a la llanura del Po. Allí vivían seis hermanos según la “Regla para los ermitaños”, dictada por San Francisco de Asís en 1218. Vivir en la soledad de una ermita, en medio de la naturaleza, fue un tiempo de gracia para nuestro Santo. Su espíritu franciscano fue ejercitándose, como el Santo de Asís, en alabar y bendecir al Creador por todos los encantos que nos ofrece la creación.

En la vida de san Antonio hay ciertas semejanzas con San Francisco a quien conoció personalmente.

El franciscano Juan Bautista Gomís  analiza dos sermones de estos dos grandes santos con sus semejanzas y diferencias. San Francisco predica dulcemente a las aves del cielo, y San Antonio a los peces del mar. San Francisco manifiesta en su sermón  una efusión cordial, un canto a la Providencia divina, una comunicación fraterna con las criaturas de Dios. Y San Antonio pretende con su discurso a los peces, la conversión de los herejes, el triunfo de la verdad cristiana. Aquí aparece un San Francisco más poético, todo corazón, y un San Antonio más reflexivo y racional para convencer a los increyentes del error de sus vidas.

 

Las vacaciones de verano nos ofrece la oportunidad de vivir más en contacto con la naturaleza.

Podemos amarla, respetarla y defenderla de tantos incendios veraniegos que la destruyen. El movimiento ecológico que se va desarrollando en la sociedad, no tiene que ser una simple moda o un puro folklore. Nos brinda la ocasión de aprender a mimar la naturaleza. Todos tenemos que sentirnos ecologistas. Decía el escritor Víctor Hugo: “Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla, mientras el género humano no escucha”.



 

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SAN ANTONIO, EVANGELIO VIVIENTE

 

San Antonio nació en la ciudad de Lisboa el año 1195, y le pusieron por nombre Fernando. Solamente 36 años duró su existencia terrena. Los primeros catorce años  los pasó en la escuela episcopal de su ciudad natal. A los quince, pidió entrar en los Canónigos Regulares de San Agustín; y a los veinticinco,  recibió la ordenación sacerdotal. Estos primeros años se caracterizaron por una búsqueda diligente y activa de Dios, por el estudio intenso de la teología y por la maduración y perfeccionamiento interior.

Habiendo conocido a los Hermanos Menores, seguidores de San Francisco de Asís, sintió una profunda llamada a evangelizar, y el año 1220 dejó su monasterio de los Canónigos Regulares e ingresó en la Orden Franciscana, donde permaneció once años, viviendo con radicalidad una entrega total a Cristo. Así lo expresaba en uno de sus sermones: “Por ti hemos dejado todo y nos hemos hecho pobres. Pero dado que Tú eres rico, te hemos seguido para que nos hagas ricos… Te hemos seguido como la criatura sigue al Creador, como los hijos al Padre, como los niños a la madre, como los hambrientos el pan, como los enfermos al médico… (Sermones II, p. 484)

El santo papa Juan Pablo II, con motivo de la celebración del VIII Centenario del Nacimiento de san Antonio, proclamó en su mensaje: “Toda su predicación fue un anuncio continuo e incansable del Evangelio. La predicación era su modo de encender la fe en las almas, consolarlas e iluminarlas. Construyó su vida en Cristo. Las virtudes evangélicas, y en especial, la pobreza de espíritu, la mansedumbre, la humildad, la castidad, la misericordia y la valentía de la paz, eran los temas constantes de su predicación”.

San Antonio muró  en la ciudad italiana de Padua, en la tarde del 13 de junio de 1231. Sus restos mortales se veneran en una preciosa Basílica.

 

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SAN ANTONIO Y LA VIRGEN MARÍA

San Antonio de Padua, insigne predicador, escribió sermones, llenos de ciencia y  elegancia, de los cuales se conservan seis sermones sobre la Santísima Virgen, de la que era devotísimo. Fue un gran mariólogo de la alta edad media. Con motivo de la fiesta de la Natividad de María, dejó escrito: “Como el lucero de la mañana entre tinieblas, así brilla María en su nacimiento…María es el lucero de la mañana, más luminoso que todas las demás estrellas, que brilla en su nacimiento por tres cosas: por la exultación que procuró a los ángeles, por su pureza, por la luz que trajo a todos los hombres: como Aurora anunció la cercanía del Sol de justicia. Y como hay diferencia en claridad entre estrellas y estrellas, así el nacimiento de la Virgen aventajó en pureza al de todos los otros santos”.

La devoción a Nuestra Señora, la pone el Santo en cinco cosas, que voy a indicar brevemente:

1. En alabar a María, como la mujer del Evangelio. Dice también: “Por el sábado que pasó María junto al sepulcro de Cristo, en su honor celebramos el sábado los fieles cristianos”.

2. Meditar, contemplar y vivir los misterios, es decir, los de Cristo y de María.

3. Invocándola continuamente, como lo hacía el Santo desde niño: “Clamemos en toda hora y momento: Ave María”.

4. En imitar sus virtudes y en un amor diligente: practicar la virtud por amor a Jesús-María.

5. En las públicas alabanzas y en predicar sus privilegios, en la celebración de sus fiestas, como lo hacía él, predicador incansable de las glorias de María.

 

(Textos tomados directamente de la obra de SAN ANTONIO, parte IV, LA MARIOLOGIA del Santo, Tip. Poli. Vaticana, Roma, 1947, ed. Italiana).

 

Félix L. Serrano

 

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