de San Antonio
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SI ME OLVIDO DE TI

 

Señor, ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes, y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.

 

Si me das fortuna, no me quites la razón. Si me das éxito, no me quites la humildad. Si me das humildad, no me quites la dignidad.

 

Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla, no me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo.

 

Enséñame a querer a la gente como a mí mismo y a no juzgarme como a los demás. No me dejes caer en el orgullo, si triunfo; ni en la desesperación, si fracaso. Más bien, recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo.

 

Enséñame que perdonar es lo más grande y que la venganza es la señal del débil. Si me quitas el éxito, déjame fuerza para triunfar en el fracaso. Si yo faltara a la gente, dame valor para disculparme; y si la gente faltara conmigo dame valor para perdonar. Señor, si yo me olvido de ti, no te olvides de mí.

 

LA ÚLTIMA VEZ

 

Jesús, hazme hablar siempre, como si fuese la última palabra que digo.

 

Hazme actuar siempre, como si fuese la última acción que hago.

 

Hazme sufrir siempre, como si fuese el último sufrimiento que tengo para ofrecerte.

 

Hazme rezar siempre, como si fuese la última posibilidad que tengo aquí en la tierra de hablar contigo.

 

(Chiara Lubich)

 

DAME FORTALEZA

 

No te pido, Señor, estar libre de peligros; dame sólo coraje para afrontarlos.

 

No te pido que se apaguen mis pasiones; concédeme que sepa controlar mi corazón. Haz que no busque en mí, aliados para afrontar las batallas, sino que mi fuerza seas Tú para poder conquistar pacientemente mi libertad. Que no sea tan cobarde, Señor, que prefiera tu mirada complacida en mi triunfo a tu mano apretada en mi fracaso.

 

DANOS SEÑOR UN CORAZÓN NUEVO

 

Nuestra cultura, Señor, está fundada en el principio de exclusión: se excluye a enfermos incurables, a prostitutas, a vagabundos, a drogadictos, a homosexuales, a negros e indígenas..., se excluye sobre todo a los pobres, que son los auténticos leprosos de nuestra sociedad.

 

Lo llevamos, Señor, metido en los tuétanos: somos excluidos por muchos, pero también excluimos a otros.

 

¡Crea en nosotros, Señor, un corazón nuevo, un corazón fraterno!; que no demos la espalda a nadie; que a nadie borremos de nuestro corazón, que nos atrevamos a tocar, Señor, a impulsos de un amor recreador, a los considerados leprosos.

 

Te pedimos, Señor, un amor realista y paciente, consciente de lo que es posible en cada momento, pero que nunca se rinda. Y te pedimos, Señor, que el dolor que nos causa vernos tratados tantas veces como leprosos, no nos envenene el corazón.

 

Que a nadie borremos del corazón. Te lo pedimos por Jesús, el Hermano universal.

 

(Pedro Trigo, "Salmos del evangelio" (S.T.)

 

IRRADIAR A CRISTO

 

¡Oh, Jesús! Ayúdame a esparcir tu fragancia donde quiera que vaya. Inunda mi alma de tu espíritu y vida. Penétrame y aduéñate tan por completo de mí, que toda mi vida sea una irradiación de la tuya.

 

Ilumina por mi medio y de tal manera toma posesión de mí, que cada alma con la que yo entre en contacto pueda sentir tu presencia en mi alma.

 

Que al verme no me vea a mí, sino a Tí en mí. Permanece en mí. Así resplanderceré con tu mismo resplandor, y que mi resplandor sirva de luz para los demás. Mi luz toda de Tí vendrá, Jesús; ni el más leve rayo será mío. Serás Tú el que iluminarás a otros por mi medio.

 

Sugiéreme la alabanza que más te agrada, iluminando a otros a mi alrededor.

 

Que no te pregone con palabras sino con mi ejemplo, con el influjo de lo que yo lleve a cabo, con el destello visible del amor que mi corazón saca de Tí. Amén

 

(Madre Teresa de Calcuta)

 

TRES PETICIONES

 

Padre bueno, concédeme la "serenidad" para aceptar las cosas que no puedo cambiar.

 

Dame "valor" para cambiar las cosas que puedo cambiar.

 

Dame "sabiduría" para reconocer la diferencia de unas y otras. (Reinhoid Neibuhr)

 

ORACIÓN DE LA MAÑANA

 

Señor, en el silencio de este día que nace, vengo a pedirte paz, sabiduría y fuerza. Hoy quiero mirar al mundo con ojos llenos de amor. Ser paciente, comprensivo, humilde, suave y bueno.

 

Ver a tus hijos detrás de las apariencias, como los ves tu mismo, para así poder apreciar la bondad de cada uno. Cierra mis oídos a toda murmuración. Guarda mi lengua de toda maledicencia.

 

Que sólo los pensamientos que bendigan permanezcan en mi. Quiero ser tan bienintencionado y bueno que todos lo que se acerquen a mi sientan tu presencia. Revísteme de tu bondad señor y haz que en este día yo te refleje. Amén

 

ALMA DE CRISTO

 

Alma de Cristo, santifícame. / Cuerpo de Cristo, sálvame.

 

Sangre de Cristo, embriágame. / Agua del costado de Cristo, lávame.

 

Pasión de Cristo, confórtame. / ¡Oh buen Jesús! óyeme.

 

Dentro de tus llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti.

 

Del maligno enemigo, defiéndeme. /En la hora de mi muerte, llámame

 

y mándame ir a ti. Para que con tus santos te alabe.

 

Por los siglos de los siglos. Amén.

 

ORACIÓN DEL TURISTA

 

Señor, me encuentro en esta región distinta a la mía habitual. Vengo a descansar y a conocer otras parcelas de este jardín del mundo que nos has dado.

 

Quiero descubrir paisajes nuevos, escuchar el mar, respirar el aire puro de la montaña, disfrutar de la naturaleza, lejos de las preocupaciones de la vida diaria.

 

Ayúdame a descubrir tu bondad de Padre en tanta belleza que has creado para gozo del hombre. No estoy solo. Hay muchos más que, como yo, necesitan un descanso, y también necesitan sentir en su intimidad el gozo y la armonía de las cosas bellas. Ahí es donde Tú estás.

 

Deseo que los demás, conmigo, puedan vivir y disfrutar de esta experiencia. Hay otros muchos, Señor, para quienes nuestro descanso supone un trabajo extra: los que sirven al complicado y a veces exigente mundo del turismo.

 

Te pedimos, Señor, que sepamos comprenderlos y tratarlos como personas. Y que ellos, al atendernos, saquen de nosotros algo más que un beneficio económico.

 

Ayúdanos a descubrir en esta región la riqueza de las personas que la habitan: Sus costumbres, su carácter, su idioma, su historia. Que respetemos y admiremos las diferencias. Que nos enriquezcamos mutuamente, para ser más humanos, más cristianos, todos hijos del mismo Padre que eres Tú. Amén.

 

ORACIÓN A JESÚS POR LA IGLESIA

 

«Déjame preguntarme por qué Tu Iglesia da esa impresión de vivir más obsesionada por justificarse a sí misma que por transparentar tu perdón.

 

Por qué se preocupa más de anunciarse a sí misma al mundo que de anunciar al mundo el evangelio de Jesús.

 

Por qué reduce toda Tu comunicación a los hombres a un moralismo voluntarista, nada subversivo y de justificación por la Ley, en lugar de dejarte ser a Ti la Gran Noticia Inapresable que eres para los hombres.

 

Por qué en tu Iglesia seguimos temiendo a los pobres, aun luego de haber dicho que optamos por ellos.

 

Por eso yo quisiera pedirte: Líbranos del miedo, Dios nuestro. Haz que tu Iglesia sea la transparencia de las inagotables dimensiones de Tu perdón, que coincide contigo mismo, y de Tu llamada que lleva a la vida, no sin pasar por la muerte. Así ella vivirá de la alegría en medio de las dificultades de la historia y aun de las persecuciones.

 

(José I. González Faus)

 

CONCÉDENOS, SEÑOR, TU ALEGRÍA

 

Concédenos, Señor, tu "alegría insobornable". La diversión tiene precio y propaganda, y sus mercaderes son expertos. Se alquila la evasión fugaz con sus rutas exóticas y vanas. Pero tu alegría no tiene precio, ni podemos seducirla, es un don para ser acogido y regalado.

 

Concédenos, Señor, tu "alegría sorprendente". Más unida al perdón recibido que a la perfección de leyes cumplidas. Encontrada en la persecución por el Reino más que en el aplauso de los demás. Crece al compartir lo mío con los otros y se muere al guardar todo para mí. Tu alegría es humilde y paciente y camina de la mano de los pobres.

 

Concédenos la "perfecta alegría": la que mana como una resurrección fresca entre escombros de proyectos fracasados. Tu alegría es perseguida y golpeada pero es inmortal desde tu Pascua.

 

Concédenos, Señor, la "sencilla alegría": la que es hermana de las cosas pequeñas, de los encuentros cotidianos y de las rutinas necesarias. La que se mueve libre entre los grandes sin uniforme ni gestos entrenados. Tu alegría es confiada y veraz, ve la más pequeña criatura amada por ti, con un puesto en tu corazón y tu proyecto.

 

(B. G. Buelta)

 

ORACIÓN DEL BUEN HUMOR

 

Concédeme Señor, una buena digestión y también algo que digerir.

 

Concédeme la salud del cuerpo, con el buen humor necesario para mantenerla. Dame,Señor,un alma santa que sepa aprovechar lo que es bueno, para que no se asuste ante el error, sino que encuentre el modo de poner las cosas de nuevo en orden.

 

Concédeme un alma que no conozca el aburrimiento, la murmuración el suspiro, y el lamento. Y no permitas que sufra excesivamente por ese ser tan dominante que se llama YO. Dame, Señor,el sentido del humor.

 

Concédeme la gracia de comprender las bromas, para que conozca en la vida un poco de alegría y pueda comunicársela a los demás.

 

(Atribuída a Santo Tomás Moro)

 

HAZ DE MÍ UN JOVEN NUEVO

 

Haz de mí un joven nuevo: Que no me “enganche” en vídeos, tele..., en lo instantáneo y en la cultura de la postmodernidad; ni me deje comer el “coco” por la vida “Light” de la sociedad actual, que margina, explota y despersonaliza, poniendo desilusión, hastío y angustia existencial.

 

Haz de mí un joven nuevo: Que goce del derecho a vivir en plenitud la esperanza, el coraje, el amor; y de la suerte de entregarme a los demás, brindándoles sincera solidaridad, que tantas “gozadas” pone en los chicos de hoy.

 

Haz de mí un joven nuevo: Que ande por sendas de “cultura de vida”, y fundamente mi personalidad sobre las reuniones de grupo, la naturaleza, la fiesta, la entrega, el grupo y la amistad, que son siempre rutas acertadas para lograr mi madurez personal.

 

Haz de mí un joven nuevo: Que sienta a Dios como Padre y a los demás trate en fraternidad. Que me relacione con Jesús de Nazaret como “el mejor amigo” de la humanidad.

 

ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

 

Padre Santo: mira nuestra humanidad, que da los primeros pasos en el camino del tercer milenio. Su vida sigue marcada fuertemente todavía por el odio, la violencia, la opresión, pero el hambre de justicia, de verdad y de gracia, encuentran espacio en el corazón de tantos, que esperan la salvación, llevada a cabo por Ti, por medio de tu Hijo Jesús.

 

Necesitamos mensajeros animosos del Evangelio, siervos generosos de la humanidad sufriente.

 

Envía a tu Iglesia, te rogamos, presbíteros santos, que santifiquen a tu pueblo con los instrumentos de tu gracia. Envía numerosos consagrados que muestren tu santidad en medio del mundo.

 

Envía a tu viña, santos operarios que trabajen con el ardor de la caridad y, movidos por tu Espíritu Santo, lleven la salvación de Cristo hasta los últimos confines de la tierra. Amén.

 

(Juan Pablo II)

 

ESTE JESUS ME DESAFÍA

 

Me esfuerzo y Él me dice: ¡perdona! Tengo miedo y Él me dice: ¡ánimo! Dudo y Él me dice: ¡confía!

 

Me siento angustiado y Él me dice: ¡tranquilo!

 

Prefiero estar solo y Él me dice: ¡ven y sígueme!

 

Fabrico planes y Él me dice: ¡déjalos!

 

Busco bienes materiales y Él me dice:¡despréndete!

 

Quiero seguridad y Él me dice: ¡no te prometo nada!

 

Quiero vivir y Él me dice: ¡da tu vida!

 

Creo ser bueno y Él me dice: ¡no es suficiente!

 

Quiero ser jefe y Él me dice: ¡sirve!

 

Quiero mandar y Él me dice: ¡obedece!

 

Quiero comprender y Él me dice: ¡cree!

 

Quiero claridad y Él me habla en parábolas.

 

Quiero poesía y Él me habla de realidades.

 

Quiero tranquilidad y Él quiere que esté inquieto.

 

Quiero violencia y Él me habla de paz.

 

Saco la espada y Él me dice: ¡guárdala!

 

Pienso en venganza y Él me dice: ¡presenta la otra mejilla!

 

Hablo de paz y Él me dice: ¡he venido a traer la espada!

 

Intento ser conciliador y Él me dice: ¡he venido a traer fuego a la tierra!

 

Quiero ser el más grande y Él me dice: ¡sé como un niño!

 

Quiero esconderme y Él me dice: ¡muestra tu luz!

 

Busco el primer puesto y Él me dice: ¡siéntate en último lugar!

 

Quiero ser visto y Él me dice: ¡reza en lo escondido!

 

¡No! No entiendo a este Jesús. Me provoca. Me confunde. Al igual que tantos de sus discípulos, también yo quisiera hallar otro maestro que fuera más claro y que exigiera menos. Pero me sucede lo que a Pedro: "No conozco a nadie que tenga como ÉL PALABRAS DE VIDA ETERNA".

 

PLEGARIA A CRISTO

 

Jesús, ayúdanos a infundir tu perfume donde vayamos. Inunda nuestras almas con tu Espíritu y con tu vida. Penetra y posee todo nuestro ser, de tal manera que nuestras vidas sean una irradiación de la tuya. Resplandece a través de nosotros, y vive de tal manera en nosotros, que toda persona que encontremos en la vida pueda sentir en nosotros tu presencia.

 

(Teresa de Calcuta)

 

A CRISTO CRUCIFICADO

 

No me mueve, mi Dios, para quererte

 

el cielo que me tienes prometido;

 

ni me mueve el infierno tan temido 

 

para dejar por eso de ofenderte.

 

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte

 

clavado en esa cruz y escarnecido;

 

muéveme el ver tu cuerpo tan herido;

 

muévenme tus afrentas y tu muerte.

 

Muéveme, al fin tu amor, y en tal manera que,

 

aunque no hubiera cielo, yo te amara,

 

y, aunque no hubiera infierno, te temiera.

 

No me tienes que dar porque te quiera;

 

pues, aunque lo que espero no esperara,

 

lo mismo que te quiero te quisiera.

 

(Anónimo)

 

EL PADRE NUESTRO DE LA NOCHEBUENA

 

- "Padre nuestro". Padre de Jesús. Padre de todos los niños del mundo. Padre nuestro.

 

- "Que estás en los cielos". Que estás donde te dejamos estar. Que estás cuando te abrimos las puertas. Y en los pesebres. Y en los portales donde hay un poquito de amor.

 

- "Santificado sea tu nombre". Que la gente aprenda a bendecirte. Que los niños del mundo tengan tu nombre como el nombre de un buen amigo.

 

- "Venga a nosotros tu reino". Que aprendamos a vivir como Tú nos enseñaste, acercándonos a los pequeños, a los enfermos, dando voz y ayuda a los más necesitados.

 

- "Hágase tu voluntad". Que nos amemos. Que nos amemos mucho. Que nos amemos siempre. Que nos amemos todos. Que logremos que todos se sientan queridos de verdad.

 

- "El pan para todos dánoslo también hoy". Que entre todos logremos que haya pan para todos. Que sepamos y queramos y aprendamos a compartirlo. Y que nos sintamos más felices compartiendo que acaparando.

 

- "Perdónanos". Nosotros estamos aprendiendo a perdonar. Tú nos enseñas y nosotros aprendemos. Hoy no tenemos ningún enemigo. Vamos a enseñar a la gente a que viva mucho mejor perdonando que vengándose.

 

- "Y no nos dejes caer en la tentación" de abusar, de fastidiar, de amenazar. Enséñanos que el amor es mejor que la guerra, que el piano es mejor que la metralleta, que la sonrisa es mucho mejor que el grito amenazador. Que no abusemos de nadie. Que no dejemos que los fuertes abusen de los débiles.

 

- "Líbranos del mal". De todos los males: del hambre, de la tristeza, de los accidentes, de la guerra, de las enfermedades, de las injusticias. Y enséñanos a librar a todos de sus males. Amén.

 

ORACIÓN DE LA VEJEZ

 

«Señor, enséñame a envejecer como cristiano.

 

Convénceme de que no son injustos conmigo los que me quitan responsabilidad; los que ya no piden mi opinión; los que llaman a otro para que ocupe mi puesto.

 

Quítame el orgullo de mi experiencia pasada y el sentimiento de sentirme indispensable. Pero, ayúdame, Señor, para que siga siendo útil a los demás, contribuyendo con mi alegría al entusiasmo de los que ahora tienen responsabilidades y aceptando mi salida de los campos de actividad, como acepto con naturalidad sencilla la puesta del sol.

 

Finalmente te doy gracias, pues en esta hora tranquila caigo en cuenta de lo mucho que me has amado. Concédeme que mire con gratitud hacia el destino feliz que me tienes preparado. ¡Señor, ayúdame a envejecer así!».

(José Laguna Menor)