de San Antonio
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ORACIÓN DE ABANDONO

 

Padre, me pongo en tus manos. Haz de mí lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias. Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal que tu voluntad se cumpla en mí, y en todas tus criaturas. No deseo nada más, Padre.

 

Te confío mi alma, te la doy con todo el amor de que soy capaz; porque te amo y necesito darme, ponerme en tus manos sin medida, con una infinita confianza, porque tú eres mi Padre. (Carlos de Foucauld)

 

NADA TE TURBE

 

Nada te turbe, nada te espante,

 

todo se pasa, Dios no se muda;

 

la paciencia todo lo alcanza;

 

quien a Dios tiene nada le falta:

 

sólo Dios basta.

 

(Santa Teresa de Jesús)

 

NO TIENES MANOS

 

Jesús, no tienes manos. Tienes sólo nuestras manos para construir un mundo donde habite la justicia.

 

Jesús, no tienes pies. Tienes sólo nuestros pies para poner en marcha la libertad y el amor.

 

Jesús, no tienes labios. Tienes nuestros labios para anunciar la Buena Noticia de lo pobres.

 

Jesús, no tienes medios. Tienes sólo nuestra acción para lograr que todos los hombres y mujeres sean hermanos.

 

Jesús, nosotros somos tu Evangelio, el único Evangelio que la gente puede leer, si nuestras vidas son obras y palabras eficaces.

 

(Anónimo)

 

ESTÁS EN MANOS DE DIOS

 

Piensa que estás en manos de Dios, tanto más fuertemente agarrado cuanto más decaído y triste te encuentres. Vive feliz, te lo suplico. Vive en paz. Que nada te altere. Que nada sea capaz de quitarte tu paz. Ni la fatiga psíquica. Ni tus fallos morales.

 

Haz que brote y conserva siempre en tu rostro una dulce sonrisa, reflejo de la que el Señor continuamente te dirige. Y en el fondo del alma coloca, antes que nada, como fuente de energía y criterio de verdad, todo aquello que te llene de la paz de Dios.

 

Recuerda: cuanto te reprima o inquiete es falso. Te lo aseguro en nombre de las leyes de la vida y de las promesas de Dios. Por eso cuando te sientas apesadumbrado y triste adora y confía...

 

(P. Teilhard de Chardin)

 

DIOS CON NOSOTROS

 

Señor Jesús, Palabra encarnada, pusiste tu tienda entre nosotros, para vivir con nosotros, por nosotros y como nosotros. Era tu delicia vivir con los hijos de los hombres.

 

Quisiste vivir en el gozo de lo humano, la noticia de un niño que nace, el noviazgo de dos miradas que se juntan... el consuelo de tener amigos, la esperanza del que se abre a la vida.

 

Pusiste, Señor, tu tienda entre nosotros, tan frágil como la nuestra, zarandeada por los vientos, pero no quisiste vivir lejos de nadie.

 

Te acercaste oculto como tesoro en vasija de barro, en la noche fría de la historia, estampando de primavera los caminos fríos de los hombres. Y dijiste: "Os amo", y amaneció.

 

EL SEÑOR ES MI PASTOR (Salmo 22)

 

El Señor es mi pastor, nada me falta:

 

en verdes praderas me hace recostar;

 

me conduce hacia fuentes tranquilas

 

y repara mis fuerzas;

 

me guía por el sendero justo,

 

por el honor de su nombre.

 

Aunque camine por cañadas oscuras,

 

nada temo, porque tú vas conmigo:

 

tu vara y tu cayado me sosiegan.

 

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos;

 

me unges la cabeza con perfume,

 

y mi copa rebosa.

 

Tu bondad y tu misericordia me acompañan

 

todos los días de mi vida,

 

y habitaré en la casa del Señor

 

por años sin término.

 

ÉL SIEMPRE ES EL PRIMERO

 

Iba a ponerme en camino cuando ya venías Tú hacia mí.

 

Quería yo correr hacia ti, pero vi que corrías a encontrarte conmigo.

 

Yo deseaba esperarte, pero supe que me estabas esperando. Llegué a pensar: "Eh, te he encontrado", pero me sentí encontrado por ti.

 

Cuando yo quería decir "Te amo", te oí decirme "¡Cuánto te quiero!"

 

Yo quería elegirte y ya me habías elegido tú.

 

Yo quería escribirte, cuando tu carta llegó a mis manos.

 

Deseaba vivir en ti y te descubrí viviendo en mí.

 

Iba a pedirte perdón, pero tuve la certeza de que me habías perdonado.

 

Quería ofrecerme a ti, cuando recibí el don de ti mismo entero.

 

Anhelaba ofrecerte mi amistad y recibí el regalo de la tuya. Yo quería llamarte "Abba, Padre", y te adelantaste a decirme "Hijo mío".

 

Yo quería desvelarte toda mi vida interior y te encontré velándome las profundidades del ser.

 

Deseaba invitarte al corazón de mi vida y recibí tu invitación a entrar en la tuya.

 

Deseaba regocijarme de haber vuelto a ti y te sentí regocijado por mi retorno. ...

 

Dios mío, ¿seré yo alguna vez el primero?

 

ESPERO EN TI, SEÑOR

 

Espero en Ti, Señor, con la esperanza del hombre que camina en ilusión. Con la ilusión de quien cree en sí mismo.

 

Espero en Tí, Señor, porque me fío de tu palabra. Porque tu palabra al hacerse vida en mí, me dice que eres verdad.

 

Espero en Ti, Señor, porque mi vida necesita de impulsos renovados, porque quiero ser testigo entre los hombres, de que hay una razón fuerte para vivir.

 

Señor: que mi esperanza sea activa, que mi actitud de espera en el futuro me haga más ávido del presente.

 

Señor: perdóname por las veces que traicioné mi esperanza con la traición de quien sólo espera para sí, con la traición de quien ya no espera, porque lo inmediato le satisface. Señor:

 

Hazme sensible a la esperanza de los hombres: que comprenda a quienes carecen de lo mínimo y no pueden abrirse a la esperanza. Que luche por la esperanza de los hombres en los hombres. Que no cierre mi oído al grito de los hombres sin esperanza.

 

Haz que ponga mi vida a su servicio: tendrán, entonces, un motivo para esperar. ¡Señor, no quiero esperar solo!

 

SED DE DIOS (Salmo 62)

 

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

 

mi alma está sedienta de ti;

 

mi carne tiene ansia de ti,

 

como tierra reseca, agostada, sin agua.

 

¡Cómo te contemplaba en el santuario

 

viendo tu fuerza y tu gloria!

 

Tu gracia vale más que la vida,

 

te alabarán nos labios.

 

Toda mi vida te bendeciré

 

y alzaré las manos invocándote.

 

Me saciaré como de enjundia y de manteca

 

y mis labios te alabarán jubilosos.

 

En el lecho me acuerdo de ti

 

y velando medito en ti,

 

porque fuiste mi auxilio,

 

y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

 

mi alma está unida a ti,

 

y tu diestra me sostiene.

 

LO MÁS IMPORTANTE

 

Lo más importante, Señor, no es: "Que yo te busque", sino que tú me buscas en todos los caminos (Gen 3, 9);

 

"Que yo te llame por tu nombre", sino que tú tienes el mío tatuado en la palma de tus manos (Is. 49, 16);

 

"Que yo te grite cuando no tengo ni palabra", sino que tú gimes en mí con tu grito (Rm 8, 26)

 

"Que yo tenga proyectos para Ti", sino que tú me invitas a caminar contigo hacia el futuro (Mc 1, 17);

 

"Que yo te comprenda", sino que tú me comprendes en mi último secreto (1ª Cor 13, 12);

 

"Que yo hable de Ti con sabiduría", sino que tú vives en mí y te expresas a tu manera (2 Cor 4, 10);

 

"Que yo te guarde en mi caja de seguridad", sino que yo soy una esponja en el fondo de tu océano (EE 335),

 

"Que yo te ame con todo mi corazón", sino que tú me amas con todo tu corazón y todas tus fuerzas (Jn 13, l);

 

"Que yo trate de animarme,de planificar", sino que tu fuego arda dentro de mis huesos (Jer 20, 9).

 

"Porque, ¿cómo podría yo buscarte, llamarte, amarte"... si tú no me buscas, llamas y amas primero? "El silencio agradecido es mi última palabra", y mi mejor manera de encontrarte.

 

(B.G.B)

 

LA TERNURA Y EL AMOR DE DIOS

 

Y dijo el Señor:

 

Si nadie te ama, mi alegría es amarte más que nadie. Si lloras, estoy deseando consolarte y ver tu sonrisa. Si eres débil, te daré mi fuerza y mi energía. Si nadie te necesita, yo te busco y te necesito.

 

Si eres inútil, yo no puedo prescindir de ti. Si estás vacío, mi gracia te colmará. Si tienes miedo, te llevo sobre mis espaldas. Si quieres caminar, iré contigo. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Si me llamas, acudo siempre.

 

Si te pierdes, no duermo hasta encontrarte. Si estás cansado, te ofrezco sombra y agua. Si pecas, soy tu perdón y tu alba blanca. Si me hablas, te escucho, trátame de tú. Si me pides, soy todo para ti. Si me necesitas, estoy aquí dentro de ti.

 

Si te resistes, no quiero que hagas nada a la fuerza. Si estás a oscuras, soy lámpara para tus pasos. Luz de luz. Si tienes hambre, soy pan y vino de vida para ti. Si eres incrédulo, mírame en cuanto te rodea.

 

Si quieres conversar, yo te escucho soy la Palabra. Si me miras, verás la verdad en lo más profundo de tu corazón. Si estás en prisión, te voy a liberar, soy la llave y la libertad. Si quiebras, te curo todas las fracturas.

 

Si te manchas, no quiero que salves las apariencias. Si quieres ver mi rostro, mira una flor, una fuente, un niño, un pobre, los ojos de tu madre. Si estás excluido, yo soy tu aliado y te acepto. Si todos te olvidan, mis entrañas se estremecen de alegría al recordarte.

 

Si no tienes a nadie, me tienes a mí muy cerca, a tu lado. Si eres silencio, mi Palabra habitará en tu corazón, y oirás mi voz. Y si me llamas y gritas, yo te escucho y acudo al instante.

 

SEÑOR, TARDE TE AMÉ

 

¡Tarde te amé, oh hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que Tú creaste.

 

Tú estabas conmigo, yo no estaba contigo. Me retenían lejos de Ti cosas que, si no estuviesen en Ti, no existirían. Llamaste y clamaste y rompiste mi sordera. Brillaste y resplandeciste y fugaste mi ceguera.

 

Exhalaste tu perfume y respiré y suspiro por Ti. Gusté de Ti, y siento hambre y sed de Ti. Me tocaste, y anhelé con ansia tu paz.

 

(San Agustín)

 

¿QUÉ TENGO YO QUE MI AMISTAD PROCURAS?

 

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?

 

¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,

 

que a mi puerta, cubierto de rocío,

 

pasas las noches del invierno oscuras?

 

¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,

 

pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,

 

si de mi ingratitud el hielo frío

 

secó las llagas de tus plantas puras!

 

¡Cuántas veces el ángel me decía:

 

"Alma, asómate ahora a la ventana;

 

verás con cuánto amor llamar porfía"!

 

Y ¡cuántas, Hermosura soberana,

 

"Mañana le abriremos, respondía,

 

para lo mismo responder mañana!

 

(Lope de Vega)

 

SEÑOR JESÚS, ENSÉÑANOS A SER GENEROSOS

 

Señor Jesús, enséñanos a ser generosos, a servirte como Tú mereces, a dar sin medida, a combatir sin temor a las heridas, a trabajar sin descanso, sin esperar otra recompensa que saber que hemos cumplido tu santa voluntad.

 

(San Ignacio de Loyola)

 

NADIE FUE AYER

 

Nadie fue ayer, ni va hoy ni irá mañana hacia Dios por este mismo camino que yo voy.

 

Para cada hombre guarda un rayo nuevo de luz el sol… y un camino virgen Dios.

 

(León Felipe)

 

VEN, ESPÍRITU DIVINO

 

(Secuencia del Espíritu, de la Liturgia de Pentecostés)

 

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el Cielo.

 

Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido;

 

luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.

 

Ven, dulce huesped del alma,

 

descanso de nuestro esfuerzo.

 

Tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,

 

gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

 

Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos.

 

Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro;

 

mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.

 

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo,

 

lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,

 

doma el espíritu indómito,

 

guía al que tuerce el sendero.

 

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.

 

Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.