de San Antonio
   Paseo Cuéllar 10-18. 50006 ZARAGOZA dirmensajero@teleline.es

 

REFLEXIONES SOBRE LA CUARESMA

 

En el Evangelio nuestro Señor nos enseña cuál es la Cuaresma que a Él le agrada y cuál es el espíritu que debe impregnar nuestras acciones y nuestros signos. No hagáis vuestras oraciones, ayunos y limosnas para que os vean, por pura vanidad, o por costumbre o para cumplir. Hacedlo todo porque os sale del alma, como exigencia del amor. Cuando ayunéis, perfumaos; ayunad desde el amor y para la libertad. Cuando deis limosna, no llevéis la cuenta ni pidáis recompensa; hacedlo de corazón y desde la gratuidad; y no deis sólo lo que os sobra; y dadlo como quien se lo da al Mesías de Dios. Cuando oréis, recogeos, abrios a la palabra, abrios a Dios, encendeos en el Espíritu.

 

1. SIGNOS CUARESMALES

 

El tiempo de Cuaresma nos ofrece una gran cantidad de signos y símbolos litúrgicos, llenos de mensaje, que debemos saber interpretar. Otros elementos, que son constantes en la vida cristiana, se intensifican durante este tiempo.

 

A. La ceniza

 

Quiere ser el reconocimiento de nuestra condición humana, tan limitada y corruptible. Quiere ser un toque de atención a nuestro orgullo y autosuficiencia. Pero es, sobre todo, una llamada a poner el fundamento de nuestra existencia, no en nosotros mismos, sino en Cristo Salvador, el que puede librarnos de la corrupción y la muerte. Cristo es medicina de inmortalidad. Por eso, al imponer la ceniza, se dice: «Creed el Evangelio», creed la buena noticia de Jesucristo. La Ceniza que Dios quiere:

 

- Que no te gloríes de ti mismo; tus talentos los recibiste para servir.

 

- Que no te consideres dueño de nada, sólo humilde administrador.

 

- Que aprecies el valor de las cosas sencillas.

 

- Que vivas el momento presente.

 

- Que no temas la muerte.

 

B. El ayuno y abstinencia

 

Como signo de austeridad. Se pide algún rigor en la comida y abstenerse de carne en ciertos días. Antes, el no comer carne podía suponer bastante sacrificio. Pero no importa la materialidad, sino el espíritu. La austeridad nos hace más libres y más solidarios. No importaría comer un poco más o un poco menos, importa el superar vicios y apegos y el ofrecer el fruto de tu ayuno a los hambrientos del mundo. El ayuno y la abstinencia que Dios quiere:

 

- Que no seas esclavo del consumo, del tabaco, de nada.

 

- Que no gastes tanto en moda, caprichos, marcas.

 

- Que no pases tanto tiempo ante la TV y sepas discernir y controlar.

 

- Que seas solidario y generoso.

 

- Que prefieras pasar tú necesidad antes de que la pase el hermano.

 

C. La cruz

 

El cristiano debe gloriarse en la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Por eso la cruz preside siempre nuestras celebraciones. No es sólo dolor y humillación, es salvación y victoria, es el signo del amor más grande. Por otra parte, la cruz no es para lucirla, sino para vivirla. El signo de la cruz nos compromete a vivir un amor entregado hasta el fin, como el de Cristo. La cruz que Dios quiere:

 

- Que sepas llevar la cruz de cada día.

 

- Que sepas aceptar tus dolores y fracasos.

 

- Que sepas compartir la cruz de los hermanos.

 

- Que nunca pongas cruces a los demás.

 

- Que unas siempre tu cruz a la de Cristo.

 

D. La oración

 

La oración es vida del alma, necesidad permanente. En el tiempo cuaresmal se intensifica la escucha de la palabra y la relación dialogal con Dios. Se nos ofrece el ejemplo de Cristo, que se retiraba al desierto y subía a la montaña para orar. La oración que Dios quiere:

 

- Que sea íntima y auténtica, «en espíritu y verdad».

 

- Que dejes al Espíritu que ore en ti siempre.

 

- Que no dejes de repetir: Abba.

 

- Que te unas a los hermanos en la oración, que te unas a la Iglesia orante.

 

- Que aprendas a escuchar.

 

E. La limosna

 

La limosna es fruto de la misericordia. Todo caminar hacia Cristo implica un caminar hacia el hermano, especialmente al más necesitado. Si nadie «puede ser feliz a solas», mucho menos puede ser santo a solas, incluso nadie puede ser cristiano a solas. Cristiano es el que abre la mano para compartir, el que tiende su mano para ayudar, el que ofrece su mano para servir. La limosna que Dios quiere:

 

- Que sea fruto del amor, un verdadero compartir, no sólo dar lo que te sobra.

 

- Que seas humilde, que pidas perdón al pobre por el pan que le das.

 

- Que ayudes al pobre para que no necesite tu ayuda. - Que te vayas haciendo pobre como Jesucristo.

 

- Que veas en el pobre a Jesucristo.

 

2. ALGUNAS NORMAS CUARESMALES

 

- La Cuaresma es mirar bien a Jesús, hasta que te lo aprendas, hasta que lo veas con los ojos cerrados.

 

- La Cuaresma es seguir los pasos de Jesús, hasta alcanzarlo, y correr y contárselo al hermano.

 

- La Cuaresma es salir al encuentro del hermano y ponerte a su servicio.

 

- La Cuaresma es hacer silencio en ti, para escuchar la palabra.

 

- La Cuaresma es tiempo de conversión, no de «mortificación».

 

- La Cuaresma es esfuerzo liberador, no prácticas acostumbradas.

 

- La Cuaresma es gozo compartido, no pena y soledad.

 

- La Cuaresma es ablandar el corazón y desterrar toda violencia que anida en ti.

 

- La Cuaresma es despojo progresivo y superación del consumismo.

 

- La Cuaresma es abrirse a la vida que viene del Espíritu.

 

3. ALGUNAS CUARESMALES OBLIGADAS Y PERMANENTES

 

- Saber aceptar nuestra condición humana, con sus opacidades y limitaciones.

 

- Aceptarse y amarse a uno mismo, aunque aparezcan goteras y se pierda encanto.

 

- Saber estar con el otro. Aceptar y amar al que vive contigo es una gracia, paro también un estupendo ejercicio cuaresmal.

 

- Aceptar las propias instituciones, sociales y eclesiales, con su carga y sus arrugas.

 

- Aceptar lo que te toca, o que te va cayendo en suerte: circunstancias familiares y culturales, adversidades y dificultades, retos y exigencias.

 

4. ALGUNOS REGALOS CUARESMALES

 

- Una cruz sencilla.

 

- Una tarjeta con las Bienaventuranzas o el Padre nuestro o un salmo...

 

- Alguna indicación de personas o centros a los que se puede ayudar.

 

- Una invitación a encuentros, charlas, celebraciones, retiros apropiados.

 

- Una llamada o carta a la persona que lo espera. (Libro de Cáritas,” Cuaresma y Pascua”, 2003)

 

PLEGARIA A CRISTO CRUCIFICADO

 

No me mueve, mi Dios, para quererte

 

el cielo que me tienes prometido;

 

ni me mueve el infierno tan temido

 

para dejar por eso de ofenderte.

 

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte

 

clavado en esa cruz y escarnecido;

 

muéveme el ver tu cuerpo tan herido;

 

muévenme tus afrentas y tu muerte.

 

Muéveme, al fin tu amor, y en tal manera

 

que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,

 

y, aunque no hubiera infierno, te temiera.

 

No me tienes que dar porque te quiera;

 

pues, aunque lo que espero no esperara,

 

lo mismo que te quiero te quisiera. (Anónimo)

 

EJERCICIO DEL VÍA CRUCIS (I) 

 

1ª Estación: Jesús es condenado a muerte

 

Después de predicar durante tres años el Reino de Dios, o sea, la fraternidad, el amor y el perdón, Jesús es traicionado por uno de sus discípulos, apresado por la soldadesca, acusado por la autoridad judía y condenado a la cruz por el poder romano. Es la maldad humana con nombre de Judas, Anás y Poncio Pilato. Jesús muere por nuestros pecados, porque no estamos dispuestos a vivir como hermanos ni a dejar que vaya a más la liberación de los más pobres y pequeños. Hoy seguimos condenando y matando. Y, en parte, tú y yo lo hacemos cada vez que nos encerramos en nuestras posturas ideológicas, políticas o religiosas y desde ellas tratamos de eliminar al que no piensa como nosotros.

 

2ª Estación: Jesús carga con la cruz

 

El mayor peso para Jesús no fue llevar el madero sobre sus hombros, sino el sentirse humillado y despreciado, después de haber pasado por el mundo haciendo el bien y curando a los enfermos y oprimidos. También hoy existen personas que cargan grandes cruces. Por una enfermedad, por un conflicto en el matrimonio, por ser pobres, por ser consecuentes con su fe, por muchas causas. Que Jesús les ayude a ser fuertes. Que nos ayude a todos.

 

3ª Estación: Jesús cae por primera vez

 

Lo de Jesús es una caída material, física. Lo malo es que en nuestro caso no es así, sino que son caldas morales, buscadas, intencionadas. Y lo peor es que no hacemos esfuerzo por levantamos y seguir adelante. Hasta cerramos los ojos de nuestra conciencia para convencemos de que nosotros nunca estamos caídos. A Jesús todos quisiéramos echarle una mano para que se levante, pero tal vez no estamos dispuestos a hacer lo mismo con ese hermano que tenemos a nuestro lado y que necesita una mano tendida del amor, del perdón, de la palabra amable y, acaso, del dinero.

 

4ª Estación: Jesús se encuentra con su Madre

 

Jesús tuvo que separarse de su madre para predicar el Reino de Dios. Pero ahora, la vuelve a encontrar. Ella, desde lejos y con amor, nunca lo perdió de vista. Ella sabía que las cosas del Padre lo exigían así. Pero en este momento había que ser valiente, arriesgada. Y lo hizo para compartir el dolor con el hijo. Dios quiera que el ejemplo de María nos haga valientes para compartir el dolor y las pruebas de los hermanos en los momentos difíciles, en una enfermedad, en una crisis, en una visita comprometida. Hoy como ayer, muchos cristianos, al encontrarnos con María, descubrimos lo mejor de la persona y del mensaje de Jesús. Porque ella, además de ser la Madre de Jesús, es la primera cristiana por su fe, por su servicio, por su entrega y solidaridad. Encontrar a María es para muchos cristianos de hoy descubrir al verdadero Jesús y conseguir vivir con una fe más comprometida fe comprometida.

 

5ª Estación: El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz

 

También Jesús necesita ayuda. Ahora para llevar la pesada cruz. Antes, también necesitaba la comprensión de los suyos y de su compañía. No siempre la encontró, aunque en el pequeño grupo de los suyos no le solía faltar. En las horas de su Pasión, cuando las cosas se han puesto tan mal, ni los más íntimos aparecen. No saben o no pueden ayudarle. Jesús acepta la ayuda de este buen hombre. En primer lugar, porque la necesita. Ayudar es hermoso, grande, pero aceptar la ayuda del hermano puede ser más hermoso y más grande. Es el amor quien hace estas cosas. Hay que abrirse a él ayudando y dejándose ayudar. Ser cirineos es un buen oficio, es algo muy cristiano que no podemos olvidar.

 

6ª Estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús

 

No lo dicen las Escrituras, pero según una tradición de la Iglesia de Jerusalén, una piadosa mujer se acercó a Jesús y le enjugó el rostro. Es un gesto de delicadeza femenina. Algo que Jesús apreció, sin duda. Jesús había enseñado que el amor tiene que llegar hasta postrarse a los pies de los hermanos y lavárselos. En el lienzo de la Verónica quedó grabado el rostro de Jesús. En la vida y en el rostro de los pobres y humildes también está Jesús; y nuestra misión es enjugar sus lágrimas, aliviar sus penas. Dice la Escritura: "La Religión pura y sin tacha a los ojos de Dios Padre es ésta: Atender a los huérfanos y las viudas en sus apuros y no dejarse contaminar por el mundo" (St 1, 27).

 

7ª Estación: Jesús cae por segunda vez

 

La sabiduría popular dice que las recaídas son muy malas. Pues bien, Jesús cae por segunda vez. Está ya físicamente extenuado y debilitado a causa de la malicia humana y el abandono de sus discípulos y amigos. Jesús es hombre, verdadero Dios y verdadero hombre, decimos, y le duelen las heridas de su cuerpo, y le atormenta la angustia de su alma. Ambas cosas son capaces de hacerle caer una y otra vez. De esta forma, Jesús se hace solidario con los débiles, con los frustrados, con los oprimidos, con los marginados. Y por ellos toma partido en su Evangelio, por el pueblo que anda como oveja sin pastor, por los pecadores, por los enfermos y los niños. El vino a "buscar lo que estaba perdido y a salvarlo" (Lc 19,10). Cae Jesús por segunda vez para que los caldos de todos los tiempos piensen que pueden levantarse con él y emprender un nuevo camino. Este es mensaje de Jesús, ahora apenas se ve, después de la resurrección las cosas van a quedar claras. Mirando a Jesús caldo una cosa es evidente y es el lado a que debe apuntarse un cristiano.

 

8ª Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

 

Una bienaventuranza llama dichosos a los que sufren, a los que se compadecen, a los que sienten los males del hermano. Estas mujeres de Jerusalén se compadecieron de Jesús. Jesús les dice: "Mujeres de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad mejor por vosotras y por vuestros hijos". (Lc 23,28) Lo peor para Jesús no son sus dolores, sino el ver que los responsables de pueblo de Israel están matando el amor, la fraternidad, la esperanza, el perdón; están matando a su Dios. Uno de los grandes males del hombre es la hipocresía. Ya sabemos que a Jesús lo matan en nombre de la ley de Dios. Pero lo más penoso y desconcertante es que en nuestros días haya personas que matan en nombre de Dios.

 

9ª Estación: Jesús cae por tercera vez

 

Al caer por tercera vez, Jesús se siente más derrotado que nunca. Durante la vida pasó haciendo el bien. Presentó su proyecto del Reino de Dios a todos los hombres de buena voluntad. Un Reino de justicia, fraternidad, perdón de los pecados; un Reino de paz y de amor. Pero los hombres, no quisieron entrar por este nuevo orden que Jesús quería instaurar. Y, por eso, lo llevaron a la cruz. También nosotros caemos y volvemos a caer. Pero, debemos tener, como Jesús, el coraje de levantarnos las veces que haga falta y seguir adelante. Ha llegado a los cristianos la hora de la valentía y el discernimiento, de levantarnos y volver a caminar.

 

10ª Estación: Jesús es desnudado de sus vestiduras

 

Jesús fue un trabajador, un obrero, hasta los treinta años. Durante su vida pública, no tenía donde reclinar la cabeza. En su testamento de la Cena Pascual, no aparecen posesiones ni destinatarios a quienes repartir. Y ahora, en el calvario, los soldados le quitan los vestidos y se los distribuyen. Se queda sin nada, desnudo como cuando nace el hombre. Dijo una vez Jesús: "Dichosos vosotros los pobres, porque tenéis a Dios por Rey" (Lc 6,20) Para encontrar a Dios, tenemos que despojamos de muchas cosas: Del egoísmo, del poder, de las riquezas. Porque nadie puede servir a dos señores.

 

11ª Estación: Jesús es clavado en la cruz

 

Si haces un poco de silencio, puedes oír los martillazos que destrozan las manos y los pies de Jesús en la cumbre del Calvario. Al erguir la cruz, el peso del cuerpo hace que las heridas se agranden y desgarren. A su lado, han crucificado a dos malhechores. Los que pasan por delante de la cruz, se mofan de Jesús y lo injurian. Pero la respuesta de Jesús es sublime: "Padre, perdónalos, que no saben lo que hacen. Jesús sigue hoy crucificado en los que pasan hambre, en los enfermos incurables, en los mutilados de todas las guerras, en los que trabajan en condiciones inhumanas, en los oprimidos de toda clase, en los que luchan sin éxito inmediato, en los atrapados por situaciones sin salida. Por todas partes, hay como una sementera de cruces.

 

12ª Estación: Jesús muere en la cruz

 

Jesús muere a los 33 anos, en la plenitud de la vida. Eran como las tres de la tarde cuando Jesús gritó con voz potente: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mc 15,22). Por un momento parecía que Jesús iba a caer en la desesperación. Al abandono de los hombres, se une el abandono de Dios. "Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc 23,46). "Jesús dio otro fuerte grito, y exhaló el espíritu". Así murió Jesús, con dolor, como todo hombre; pero, en las manos de Dios a quien llama Padre. ¡Oh Cristo de la Buena Muerte! danos la gracia de morir satisfechos de haber cumplido nuestra misión en este mundo.

 

13ª Estación: El descendimiento de la cruz

 

Ante la muerte de Jesús, se produjo un silencio doloroso, como cuando un difunto muere en casa. Por un momento, todos se quedan cortados. Y de repente surge el llanto, y los primeros preparativos para cerrar los ojos, lavarlo o vestir el cuerpo ya sin vida. En el caso de Jesús todo fue distinto. Seguía en la cruz muerto y hubo que bajarlo con cuidado. José de Arimatea y Nicodemo se encargaron de todo. La muerte es una realidad por la que todos tenemos que pasar y que hay que afrontar con serenidad, con fe y esperanza. Creemos en la resurrección de los muertos y en la vida eterna. Creemos que la muerte no es el final del camino y que nuestro destino es vivir siendo felices con Cristo por toda la eternidad.

 

14ª Estación: Jesús es colocado en el sepulcro

 

A Jesús lo colocaron sus familiares y amigos en un sepulcro nuevo. El sepulcro vacío es el primer indicio de la resurrección. ¿Habrán robado el cuerpo de Jesús? ¿Qué ha pasado? "No está aquí. Ha resucitado". (Lc 24,5). Así de claro y contundente lo dice el Evangelio. ¿Qué sentido tiene hoy para nosotros la resurrección de Jesús y cómo nos atañe? Si resucita Jesús es que Dios estaba con él y su vida y su palabra quedan garantizadas como el verdadero camino para ir a Dios. La vida y la historia tienen un sentido, lo mismo que el dolor y la misma muerte. En la resurrección de Jesús la esperanza, el amor, la liberación, la vida y la alegría se hacen Buena Noticia que debe ser anunciada a todos los hombres.

 

----------------------------------------------------

 

VÍA CRUCIS BÍBLICO (II) 

 

Hermanos: estamos aquí reunidos para recordar los grandes sufrimientos que Cristo soportó para salvarnos. Un día Cristo dijo: «No existe amor más grande que dar la vida por los amigos» (Jn 15,13). Sufriendo y muriendo en la Cruz, Jesús nos dio la prueba más grande de su amor. Recorriendo estas estaciones del VIA CRUCIS, iremos meditando sobre nuestros pecados, que fueron la causa de la muerte de Cristo, y al mismo tiempo nos preguntaremos: ¿Qué hacemos para que la Sangre de Cristo no sea desperdiciada? ¿Cuánta gente hay todavía que no conoce a Cristo y no lo ama? ¿Qué puedo hacer yo para que se acerquen más a Jesús, que sufrió tanto para salvarnos?

 

1ª ESTACION: JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

 

Ya el profeta Isaías lo había anunciado: « ¿Quién podrá creer esta noticia? No tenía gracia ni belleza para que nos fijáramos en él. Despreciado y tenido como la basura de los hombres, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento. Ha sido tratado como culpable a causa de nuestras rebeldías y aplastado por nuestros pecados. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados. Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. FUE DETENIDO Y ENJUICIADO injustamente y herido de muerte por los crímenes de su pueblo» (Is 53,1-8). Nosotros somos aquel pueblo por el que Cristo fue condenado a muerte. Cristo aceptó ser NUESTRO REPRESENTANTE delante del Padre y pagar por nuestros pecados. La condena de Pilato tenía que recaer sobre cada uno de nosotros.

 

(Reflexión en silencio).

 

OREMOS Señor Jesús, gracias por habernos amado tanto. Ten piedad de nosotros. Ayúdanos a conocer nuestros pecados, que han sido la causa de tu condenación a muerte. -Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. (Canto)

 

II ESTACION: JESUS CARGA LA CRUZ Y SE DIRIGE AL CALVARIO

 

Después de la condena, le entregan a Cristo una cruz, y empieza su largo y penoso camino hacia el Calvario, lugar donde será crucificado. Detengámonos y pensemos: Si Cristo hizo tanto por nosotros, ¿es justo que nosotros sigamos diciendo que estamos ocupados y no tenemos tiempo para conocer más a Cristo y seguirlo de veras? ¿Por qué nos espanta tanto el sufrimiento, si nuestro Maestro llegó a dar la vida por nosotros? Escuchemos su Palabra: « Si alguno quiere seguirme, olvídese de sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque si alguno quiere salvar su vida, la perderá; en cambio, si pierde la vida por mi y por el Evangelio, la salvará. ¿De qué sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida? O, ¿qué puede ganar el hombre a cambio de su vida? Yo les digo: Si alguno se avergüenza de mí y de mis palabras en medio de esta gente adúltera y pecadora, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él, cuando venga en la gloria del Padre, rodeado de sus santos ángeles » (Mc 8,34-38).

 

OREMOS Señor Jesús, concédenos llevar nuestra cruz con fidelidad hasta la muerte. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. (Canto).

 

III ESTACION: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

 

Cristo no puede seguir adelante, cargando con la cruz por mucho rato. Ya se acabaron sus fuerzas: la agonía en el Getsemaní, la noche pasada entre los insultos de los jefes del pueblo, la flagelación y la coronación de espinas, lo han destruido, y cae agotado. Los soldados se le acercan y le pegan sin compasión. Jesús reúne todas sus fuerzas, se levanta otra vez y sigue su camino, sin decir una palabra. Escuchemos al profeta Isaías: « He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban, y mis mejillas a los que me jalaban la barba, y no oculté mi rostro ante las injurias y los salivazos. Puse mi cara dura como piedra» (Is 50,6-7).

 

OREMOS: Señor Jesús, enséñanos a sufrir. Que no nos desanimemos en la prueba. Danos la fuerza para levantarnos, cuando caemos en el pecado. -Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. (Canto).

 

IV ESTACION: JESÚS ENCUENTRA A SU MADRE

 

Ya se lo había anunciado el anciano Simeón, cuando María presentó al niño Jesús en el Templo: « Simeón lo bendijo, y después dijo a María, su Madre: Mira, este niño debe ser causa tanto de caída como de resurrección para la gente de Israel. Será puesto como una bandera, de modo que a Él lo atacarán y a ti misma una espada te atravesará el corazón» (Lc 2,34-35). Al ver a Jesús cargando la cruz y lleno de sangre, entre los insultos de la gente, María siente en su corazón un profundo dolor y se acuerda de la profecía de Simeón. Conociendo las Escrituras, María sabe que mediante el sufrimiento, Cristo nos va a salvar. Por eso se une íntimamente al sacrificio de su Hijo, sufriendo con Él por nuestra salvación.

 

OREMOS: Oh, María, madre de Jesús y madre nuestra, enséñanos a sufrir con Jesús por la salvación del mundo entero. - Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. (Canto).

 

V ESTACION : EL CIRINEO AYUDA A JESÚS A LLEVAR LA CRUZ

 

Jesús ya no puede seguir con al cruz, está tan acabado. Entonces, los soldados obligan a un hombre de Cirene para que ayude a Jesús a llevar la cruz. Es un ejemplo para nosotros. También nosotros tenemos que ayudar a Jesús para que su sangre no sea inútil para nuestros hermanos. Todavía hay muchos que no conocen a Cristo; nosotros tenemos que preocuparnos por ellos y hacer algo. Acordémonos de las palabras de Cristo: « La cosecha es abundante, pero los obreros son pocos; por eso rueguen al Dueño de la cosecha que envíe obreros a su cosecha. Vayan, los envío como corderos en medio de lobos» (Lc 10, 2-3). Pidamos a Dios continuamente para que envíe más misioneros y catequistas a su Iglesia, que tengan el valor de predicar el mensaje de Cristo con fe y sin miedo, convencidos de que sólo mediante la entrega y el sufrimiento se ayuda a Cristo en su obra de salvación.

 

OREMOS: Señor Jesús, perdónanos si muchas veces no te hemos ayudado a llevar la cruz. Tal vez por culpa nuestra muchos se echaron a perder. Ayúdanos a vivir el compromiso que tomamos el día de la Confirmación, de ser soldados tuyos en el mundo - Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. (Canto).

 

VI ESTACION: LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS

 

Mientras Jesús trata de seguir adelante, una mujer se le acerca y le enjuga el rostro con una toalla, quedando en ella la imagen de su cara. Cada cristiano tiene que imitar a la Verónica, procurando transformar su misma vida en una imagen de Cristo. Escuchemos a San Pablo: « Haced morir lo que os queda de vida terrenal, es decir, relaciones sexuales impuras, cosas prohibidas, pasión desordenada, malos deseos y esa codicia que es una manera de servir a los ídolos. Vosotros os despojasteis del hombre viejo y de su manera de vivir para revestirse del hombre nuevo, que se va siempre renovando y progresando hacia el conocimiento verdadero, conforme a la imagen de Dios, su Creador» (Col 3,5-10).

 

OREMOS: Señor Jesús, graba en nuestros corazones la imagen de tu rostro. Que nunca nos olvidemos de ti. -Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. (Canto).

 

VII ESTACION: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

 

Nuestras recaídas en el pecado fueron la causa de las numerosas caídas de Jesús en su doloroso camino hacia el Calvario. Es necesario que tomemos en serio nuestro compromiso cristiano, recordando que hemos sido salvados por la sangre de Cristo, el Hijo de Dios. « Como hijos obedientes, no viváis más como en el tiempo anterior, cuando todavía ignorabais y os guiabais por vuestras pasiones. El que os llamó, es santo; y también vosotros han de ser santos en toda su conducta, según dice la Escritura: seréis santos porque yo lo soy. No olvidéis que habéis sido liberados de la vida inútil que llevabais antes, imitando a vuestros padres, no mediante un rescate material de oro y plata, sino con la sangre preciosa del Cordero sin mancha ni defecto. Amaos unos a otros de todo corazón, ya que nacisteis a otra vida que no viene de hombres mortales: ahora vivid por la palabra eterna del Dios que vive y permanece. Esta es la Buena Nueva, que os llegó» (1 Pe 1,14-16.18-19.22b-23.25).

 

OREMOS: Señor Jesús, perdónanos por nuestras recaídas en el pecado. Danos la fuerza de tu Espíritu, para que podamos resistir a los ataques del demonio. -Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. (Canto).

 

VIII ESTACION: JESÚS HABLA A LAS PIADOSAS MUJERES

 

« Lo seguía muchísima gente, especialmente las mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por Él. Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí. Llorad más bien por vosotros y por vuestros hijos. Porque va a llegar el día en que se dirá: Felices las mujeres que no dieron a luz ni amamantaron. Entonces se dirá: ¡Ojalá que las lomas nos ocultaran! Porque, si así tratan al árbol verde, ¿qué no harán con el seco?» (Lc 23,27-31). Ahora Jesús nos dirige las mismas palabras: « No lloréis por mí; yo ya hice todo lo que pude para salvaros. Llorad más bien por vosotros mismos. Porque, si no os arrepentís de veras y no dejáis el pecado de una vez, recibiréis tremendos castigos, como les pasó a los habitantes de Jerusalén, por no haber hecho caso a mis palabras. Y sufriréis aún más, porque se tratará de un castigo eterno».

 

OREMOS: Señor Jesús, concédenos un verdadero arrepentimiento de nuestros pecados y un firme propósito de no volver a pecar. - Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. (Canto).

 

IX ESTACION: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

 

A pesar de hacer todo el esfuerzo posible para seguir adelante, Jesús ya no aguanta y cae por tercera vez. Así es cuando uno es débil. Así pasa con nosotros, cuando volvemos a caer en el pecado. Es necesario que Dios mismo intervenga en nuestra vida, purificándonos del pecado y dándonos un nuevo corazón. Escuchemos al profeta Ezequiel: « Derramaré sobre vosotros agua purificadora y seréis purificados. Os purificaré de toda mancha y de todos los ídolos. Os daré un corazón nuevo. Y pondré dentro de vosotros un espíritu nuevo. Os quitaré del cuerpo el corazón de piedra, y os pondré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu dentro de vosotros, para que viváis según mis mandamientos y respetéis mis órdenes» (Ez 36,25-27). Si seguimos pecando, es que no hemos tenido fe suficiente en las promesas de nuestro Padre Dios. Pidámosle a Dios que aumente nuestra fe y cumpla en nosotros su promesa.

 

OREMOS: Oh, Padre Celestial, en el nombre de Jesús, te pedimos que nos quites de una vez este corazón de piedra y nos concedas un corazón de carne, que sepa amar de veras a Ti y a los hermanos. -Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. (Canto).

 

X ESTACION: JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

 

Llegados al lugar de la ejecución, le quitan las vestiduras a Jesús. « Yo soy un gusano, y ya no un hombre; vergüenza de los hombres y basura del pueblo. Mis huesos se han descoyuntado, mi corazón se derrite como cera. Se reparten entre sí mis vestiduras y mi túnica se la juegan a los dados» ( Sal 22,7.15.19). Mientras Jesús es despojado de las vestiduras, nosotros seguimos teniendo nuestro corazón apegado al dinero y a los honores. Se ve que no hemos entendido nada del mensaje de Cristo. Es necesario que de una vez tomemos una decisión clara: o con Cristo o contra Cristo, ya que es imposible servir a dos amos.

 

OREMOS: Señor Jesús, ayúdanos a despojarnos de nuestras malas costumbres. -Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. (Canto).

 

XI ESTACION: JESÚS ES CRUCIFICADO

 

Empezando su predicación, Jesús había dicho: « Así como Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto, así también es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado en alto, para que todo el que crea en Él tenga la vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que le dio su Hijo único, para que todo el que crea en Él, no se pierda, sino que tenga la vida eterna» ( Jn 3,14-16). ¿Cuánta gente hay todavía en el mundo que no conoce este amor de Dios? ¿Qué estoy haciendo yo para que la Sangre de Cristo no sea inútil para mí y para mis hermanos?

 

OREMOS: Señor Jesús, ayúdanos a ser tus testigos en el mundo. Que todos los hombres conozcan tu amor y se acerquen a Ti. -Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. (Canto).

 

XII ESTACION: JESÚS MUERE EN LA CRUZ

 

Después de tres horas de penosísima agonía, Jesús muere, entre los insultos y las burlas del pueblo. Es el nuevo Cordero Pascual. En su sangre se establece el Nuevo Compromiso, o Alianza, entre Dios y el nuevo Pueblo de Israel, representado por María, San Juan y unas cuantas mujeres. Es el momento más importante de toda la historia de la humanidad. Alabemos a Cristo y démosle gracias por el grande amor que nos ha manifestado. « Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos, porque fuiste degollado y por tu sangre compraste para Dios, hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un reino de sacerdotes que reina sobre la tierra. Digno es el Cordero que ha sido degollado, de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría, la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza» ( Ap 9,10.12).

 

OREMOS: Gracias, oh Señor Jesús, por habernos amado tanto. Que nunca nos cansemos de alabarte y bendecirte. -Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. (Canto).

XIII ESTACION: BAJAN A JESÚS DE LA CRUZ

 

 « Vinieron entonces los soldados y les quebraron las piedras a los que estaban crucificados para después retirarlos.  Al llegar a Jesús vieron que ya estaba muerto.  Así que no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le abrió el costado de una lanzada y al instante salió sangre y agua.  El que lo vio lo declara para ayudarles en su fe, y su testimonio es verdadero.  El mismo sabe que dice la verdad.  Esto sucedió para que se cumpla la Escritura que dice: "No le quebrarán ni un solo hueso", y en otra dice: "