de San Antonio
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REFLEXION SOBRE  LA  NAVIDAD

 

(Resumen de la Audiencia General del papa Francisco el pasado 18 de diciembre, 2013)

 

“Jesús es Dios-con-nosotros, desde siempre y por siempre está con nosotros en los sufrimientos y en los dolores de la historia. La Navidad de Jesús es la manifestación de que Dios se ha puesto del lado del hombre “de una vez y para siempre”, para salvarnos, para levantarnos del polvo de nuestras miserias, de nuestras dificultades, de nuestros pecados…

De la contemplación gozosa del misterio del Hijo de Dios nacido por nosotros, podemos extraer dos consideraciones.

 

La primera es que en la Navidad, Dios se revela no como uno que está en las alturas y que domina el universo, sino como El que se abaja.

Dios se abaja, desciende a la tierra, pequeño y pobre, esto significa que para ser como Él nosotros no podemos ponernos por encima de los demás, sino abajarnos, ponernos al servicio, hacernos pequeños con los pequeños y pobres con los pobres. Es una cosa fea cuando se ve a un cristiano que no quiere abajarse, que no quiere servir, que se pavonea por todas partes. ¡Es feo! ¡Ese no es un cristiano, es un pagano! ¡El cristiano sirve y se abaja! ¡Hagamos esto de forma que nuestros hermanos y hermanas no se sientan nunca solos!

 

La segunda: si Dios, por medio de Jesús, se ha implicado con el hombre hasta el punto de convertirse en uno de nosotros, quiere decir que cualquier cosa que le hagamos a un hermano y a una hermana se la habremos hecho a Él. Nos lo ha recordado el mismo Jesús: quien haya nutrido, acogido, visitado, amado a uno de los más pequeños y de los más pobres entre los hombres, se lo habrá hecho al Hijo de Dios.

Confiémonos a la materna intercesión de María, Madre de Jesús y nuestra, para que nos ayude en esta Santa Navidad, ya muy cercana, a reconocer en el rostro de nuestro prójimo, especialmente de las personas más débiles y marginadas, la imagen del Hijo de Dios hecho hombre. ¡Gracias!”

 

Papa Francisco

 

 

Evangelio en el alma

 

Revelación de sobremesa

JULIIO, 2014 

Los caminos de Dios son infinitos

Si yo parto del principio de que hay un Dios Creador, que este Dios ha creado al ser humano en su plena integridad, es decir, al hombre y a la mujer, en cuerpo y alma, parto de la evidencia de que este Dios es poderoso y libre para comunicarse con su creatura:

- a quien quiera,

- del modo que quiera,

- donde y cuando quiera.

No puedo yo condicionar a Dios, que sería atentar contra su categoría divina.

Dios se reveló a Moisés en un escenario estruendoso, el Sinaí.

Dios se reveló a los profetas con visiones y sin visiones; de un modo cordial e íntimo.

Un ejemplo de la vida de Jeremías:

“El Señor me dirigió nuevamente su palabra:

- ¿Qué ves?

Respondí:

- Veo una olla hirviendo que se derrama por la parte del norte.

Añadió el Señor:

- Desde el norte se derramará la desgracia sobre los habitantes del país” (Jr 1,13-14).

No hay que imaginar una escena mística, que ocurre en un rapto de espíritu. Uno puede pensar que Jeremías está en una escena doméstica. Está pensativo y ve el fuego, las piedras que lo recogen, la olla que está encima, que hierve y se derrama del lado norte. Y de pronto Dios le hace ver, entender, lo que no se ve: que el peligro viene del norte, que Asiria va a invadir Jerusalén… Dios le estaba hablando, Dios se estaba revelando.

 

Jesús de sobremesa en la Cena

 

Las conversaciones de despedida de Jesús en la Cena son revelación. Y aquí la revelación adquiere un tono nuevo. Son conversaciones (no lecciones), son de sobremesa en el tono que tiene una sobremesa; son confidencias, Jesús saca afuera su más pura intimidad; son palabras de amigo, porque a un siervo no se le habla en ese tono; y son palabras de despedida, manifestando su última voluntad.

En este tono hay que leer los capítulos 14, 15 y 16 del Evangelio de San Juan. Y ahora, en el capítulo 17, la conversación se vuelve oración de Jesús al Padre, y a los que rodean a Jesús, a nosotros con ellos, se nos da la gracia de escuchar esta oración elevada al Padre.

“No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí…” (14,1). Este es el tono.

Jesús nos adentra en la intimidad del Padre, y con palabra llana abre divinos misterios: “En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré” (Jn 14,12-14).

Con este lenguaje y este tono Dios se ha puesto a aras del hombre para alzar al hombre a la altura de Dios.

 

Pero no es esto solo: la revelación continúa

 

El trato familiar, en el que se vierte la revelación divina, no se cierra en la Cena. Jesús se compromete a que esto continúe y perviva en la comunidad de discípulos, en la Iglesia. “Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena… recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío” (16,12-15).

Con el lenguaje más simple, Jesús está diciendo cosas inconmensurables:

- que el Dios de la revelación es Dios familiar,

- y que este trato va a continuar hasta que la comunidad sea comunidad del Resucitado, hasta que la Iglesia sea Iglesia, hasta el final de los siglos.

Ante la vista del Sínodo sobre la familia (octubre de este año) conviene meditarlo; el Señor nos va a hablar desde la presencia del Padre.

 

Rufino María Grández

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Nazaret, la flor de Galilea

(Mayo, 2014)

 

 

La flor de Galilea, dijo San Jerónimo de Nazaret

El año pasado estuve en Nazaret, acompañando a un grupo de peregrinos. También este año, para cuando los lectores de esta página, hoy con sabor mariano, tengan “El Mensajero” en sus manos, podré decir (Dios mediante): He estado en Nazaret y he visto que la Virgen estaba allí… La Virgen es lo más bonito de Nazaret.

“Actualmente es la ciudad con mayor población árabe de Israel, con una población calculada en unos 72. 500 habitantes al 30 de junio de 2010, un tercio de los cuales son de creencia cristiana y el resto musulmanes” (Wikipedia). Junto a Nazaret de Jesús está Nazareth Illit (más bien Natzrat Illit), Nazaret Alto (ciudad judía, fundada en 1954. “En 2010 tenía una población de 40.700 habitantes”. (Wikipedia).

Nazaret no aparece en el Antiguo Testamento. En los Evangelios es la ciudad de la infancia y adolescencia de Jesús, la ciudad de José, la ciudad de María. Cuando el episodio de los doce años, se concluye: “Él bajó con ellos y fue a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2,51-52).

En Nazaret había una sinagoga, y, al parecer, a la sombra de la sinagoga Jesús aprendió las primeras letras y las páginas de las sanas Escritura. El mismo san Lucas escribe al inicio de la vida pública: “Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer al lectura” (Lc 4,16).

Hoy, como devoto peregrino, me place recordar a María, a María de Nazaret, dulce pensamiento para el mes de mayo, y para ella… - para los peregrinos, más bien – van estas letrillas evocando a la madre.

 

Letrillas de Nazaret

 

1. Natanael comentaba:

¿De Nazaret cosa buena…?

Hablaba de boca ajena,

y ¡cómo se equivocaba!

 

2. No lo bueno, lo mejor

de Nazaret ha venido:

el Hijo de Dios nacido

y la Madre del Señor.

 

3. Era Virgen Nazarena,

y ¡cómo me la imagino..!:

ojos de su Hijo divino

y su tez de sol morena.

 

4. La mejor de las vecinas,

aunque nadie lo sabía:

sencillamente María,

entre rosas y entre espinas.

 

5. Su Hijo fue el Nazareno,

como en la Cruz quedó escrito:

y así el amor infinito

sonó con nombre terreno.

 

6. ¡Qué dulzura se respira,

qué delicioso airecillo

en este pueblo sencillo

que mi alma mira y admira!

 

7. El ángel puede venir,

saludar “llena de gracia”,

y con ternura y audacia

decir lo que va a decir.

 

8. María es secreto abierto

para el que llega con fe:

y a ella yo le diré:

Ábreme tu lindo huerto.

 

9. Junto a la Virgen mi silla

en la tarde meditando,

y en su pecho reposando

mi dolorida mejilla.

 

10. Madre mía, Madre mía,

yo silencioso me quedo;

contigo no tengo miedo,

muy en paz, sin agonía. Amén.

 

Rufino María Grández

 

 

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VIGILIA PASCUAL Y PASO DEL MAR ROJO.

(Abril, 2014)

 

Yo estaba allí, al salir de Egipto

En este mes de abril será Pascua del Señor. La celebraremos el domingo día 20. Nuestros hermanos judíos también celebrarán y recordarán, el 14 de Nisán, como nosotros, aquel suceso central de la Historia de la Salvación: la salida de Egipto que culminó con el paso del Mar Rojo, cuando los hebreos salieron de la esclavitud y pasaron a ser un pueblo libre.

Ya san Pablo recordaba a los primeros cristianos, escribiendo a los corintios: “No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar, y todos fueron bautizados en Moisés, por la nube y el mar (1Co 10,1-2)”. Hoy los judíos, celebrando la Cena pascual, recordarán: Nosotros estábamos allí. Dice literalmente el Ritual de Pascua de los Judíos: “En cada generación debe el hombre considerarse a sí mismo como si él hubiera salido de Egipto, pues así versa: Y harás saber a tu hijo en ese día diciendo: Por eso me lo hizo Dios al sacarme de Egipto (Ex 13,8). El Santo, bendito sea, no solamente rescató a nuestros padres, sino junto con ellos nos redimió a nosotros también, tal como versa: Y nos sacó de allá para que pueda traernos y darnos la tierra que juró a nuestros padres (Deut 6,23). (Hagadá, Manual del Pésaj, Bilingüe. Edición de Eliahu Birnbaum. Impreso en Israel 1986, en la p. 25).

El misterio que celebramos tiene tres dimensiones: pasado, presente y futuro. El pasado es memorial eficaz; el presente es la acción de Dios hoy; el futuro es la promesa de lo que ha de realizar Dios en el futuro con el Mesías, a quien nosotros llamamos Jesús de Nazaret, Hijo de Dios.

 

Cantar la gloria de Dios en la Vigilia pascual

 

En la Vigilia pascual “completa” - ¡ojalá que así la hiciéramos – después del Lucernario, o rito del fuego y de la luz, en la liturgia de la palabra tenemos 9 lecturas: 7 del Antiguo Testamento y dos del Nuevo Testamento. Del Antiguo Testamento, son tres de la Ley: la creación, el sacrificio de Abraham, el paso del mar Rojo (¡y esta nunca se puede suprimir); y son cuatro de los Profetas: la nueva Jerusalén, la salvación ofrecida gratuitamente a todos, la fuente de la Sabiduría, el corazón nuevo. Hay dos del Nuevo Testamento: el bautismo según san Pablo; la Resurrección del Señor.

Para conmemorar el episodio central de la liberación, tenemos

- un relato, que es el paso del Mar Rojo (Éxodo 14)

- y un Himno, que es el canto de Moisés y de todo el pueblo, una liturgia que conducen María, hermana de Moisés y las mujeres, cantando y danzando con panderetas (Éxodo 15).

De las dos piezas, ¿cuál es la más importante? El himno. Allí cantamos la gloria de Dios. Moisés desaparece en este himno y lo que se canta es la gloria de Dios que ha tenido misericordia de su pueblo. Esto es lo que debemos gozar en la Vigilia pascual.

 

Y recordar las hazañas de Dios: el paso del Mar Rojo

 

El Dios del Éxodo es el Dios del amor y las maravillas. Para sacar a su pueblo de la esclavitud hizo grandes maravillas: las diez plagas, la victoria del ejército del Faraón (caballos y carros arrojó en el mar), el paso del pueblo salvado, que es nuestro bautismo. Todo ello era el inicio de lo que Dios se disponía a dar a su pueblo antes de introducirlo en una tierra que mana leche y miel. Durante 40 años les dio a comer el maná, bajado del cielo, día a día (Éxodo 16).

Pero ¿quién se va a creer estas fantasías…?

No, hermano, no: es que la realidad supera a la fantasía. Todo aquello contado con un lenguaje tan singular era un pequeño símbolo de lo hoy está haciendo mi Padre Dios, por su Hijo Jesucristo, conmigo y con su santa Iglesia.

Esto es la Pascua, o una ráfaga del misterito infinito de la Pascua.

                   (Rufino María Grández)

 

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 Evangelio en el alma

 SAN JOSE, EL CUSTODIO DE LA TERNURA (MARZO, 2014)

Hace un año, homilía sobre san José del Papa Francisco

El día 13 de marzo del año pasado fue elegido Papa el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Mario Bergoglio. Tenía 76 años. Seis días después, inauguró su pontificado en la fiesta de san José, 19 de marzo, y pronunció una homilía sencilla, centrada en San José, con la cual manifestó su estilo y talante personal, que le ha de acompañar el tiempo que sea Papa, que, es de esperar, hasta su muerte.

¿Quién es San José? El Custodio, custodio de Jesús, custodio de María. “Custodiar” fue la palabra más repetida en la homilía, hasta 13 veces. La segunda palabra fue “ternura”, hasta 7 veces. Con estas dos palabras nos daba el retrato de san José. Y él, hasta ahora cardenal Bergoglio, quería custodiar a la Iglesia con “ternura”: “…como él, (san José) abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y TERNURA a toda la humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños”.

Y nos invitaba a todos a que nos custodiáramos unos a otros con ternura, incluso a la creación entera, custodiarla con ternura. También san Francisco de Asís, cuyo nombre había escogido, era, con san José, un modelo de ternura.

Retrato espiritual de san José: bondad, ternura, fortaleza

“…No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la TERNURA.

Y aquí añadió entonces una ulterior anotación: el preocuparse, el custodiar, requiere bondad, pide ser vivido con TERNURA. En los Evangelios, san José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran TERNURA, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la TERNURA”.

 

¿De dónde saca el Papa esta figura de san José?

 

De san José sabemos muy poquito, a juzgar por los textos del Evangelio, pero de ese poquito, el Beato Juan Pablo II escribió toda una encíclica: El Custodio del Redentor (Redemptoris custos), proponiendo el ejemplo y la misión de san José.

De san José no se nos ha conservado ninguna frase que él dijera. De san José sabemos solo lo que hizo. Y ahora el Papa, como fiel cristiano, medita, y la meditación es lo que le hace profundizar en el Evangelio: san José, fiel custodio, cumplió su misión con fortaleza y ternura.

 

La ternura como clave de vida

 

El Papa nos invitaba a hacer de la ternura clave de vida.

“Custodiar la creación, cada hombre y cada mujer, con una mirada de TERNURA y de amor; es abrir un resquicio de luz en medio de tantas nubes; es llevar el calor de la esperanza. … Custodiar a Jesús con María, custodiar toda la creación, custodiar a todos, especialmente a los más pobres, custodiarnos a nosotros mismos”

Para entender a san José, esta figura silenciosa del Evangelio, hay que meterse por una senda, la senda de la ternura. Es lo que él ejerció con María y con Jesús. Es un estilo de vida, que ha de marcar la actitud profunda del cristiano. Más de una vez ha hablado el Papa Francisco de la revolución de la ternura.

Su encíclica, que tanto ha sonado en la Iglesia y en el mundo, El gozo del Evangelio, vuelve a recoger la revolución de la ternura, y nos dice: “El Hijo de Dios, en su encarnación, nos invitó a la revolución de la ternura” (n. 88). Y, al concluir, antes de dirigir una oración a la Virgen maría, nos dice: “Hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño" (n. 288).

 

               Rufino María Grández

 

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LA VIRGEN POBRE DE LOS DOS PALOMINOS (Febrero, 2014)

 

Dos pichones para dos sacrificios

 Cuando el papa, en su encíclica sobre El gozo del Evangelio (Evangelii gaudium) quiso hablar largamente sobre El lugar privilegiado de los pobres en el Pueblo de Dios (nn. 197-201) comenzó por donde debía: Jesús; y escribió en las primeras líneas: “El Salvador nació en un pesebre, entre animales, como lo hacían los hijos de los más pobres; fue presentado en el Templo junto con dos pichones, la ofrenda de quienes no podían permitirse pagar un cordero (cf. Lc 2,24; Lv 5,7)” (n. 197).

A lo mejor se piensa que un  cordero era sustituido por dos pichones o dos tórtolas, amparándose en el privilegio de los pobres. No es del todo exacto. Según la Ley había que cumplir con dos sacrificios: un cordero como sacrificio de holocausto; un pichón como sacrificio de expiación: “un cordero de un año como holocausto, y un pichón o una tórtola como sacrificio expiatoria” (Levítico 12,6). Estamos en los tiempos del desierto y allí no se habla del Templo sino de la Tienda del Encuentro. Pero, por lo visto, también en el desierto había pobreza. Y el autor sagrado, que se supone que es Moisés, precisa en favor de los pobres: “Si no le alcanza para ofrecer una res menor, tome dos tórtolas o dos pichones, uno para el holocausto y el otro para el sacrificio expiatorio” (versículo 8).

Esto es lo que hicieron María y José. No les alcanzaba para comprar un cordero, y en vez del cordero fue un pichón por un sacrificio y otro pichón por otro sacrificio, y así dos pichones (que hemos traducido palominos) por los dos sacrificios.

 

María entre los pobres de Israel y entre los pobres de Yahveh<