de San Antonio
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AGOSTO-SEPTIEMBRE, 2014

 

LA AUTOCOMPLACENCIA

Pregunta.-

      Trabajo como pedagogo en un proyecto escolar interdisciplinar: padres, psicólogos, pedagogos y maestros, formamos un equipo pionero. Me llamo Gerardo y trabajo en una escuela universitaria de Valladolid. En los dos últimos lustros, se oye hablar mucho de autocomplacencia, como un valor recuperado para la psicología. Los medios de comunicación se han hecho eco del tema y se organizan mesas redondas para matizar sus entornos. Me gustaría que afrontases el argumento de la autocomplacencia y vetas o perfiles donde trabajar, en el campo de la educación escolar.

 Respuesta.-

                  Autocomplacencia según la Real Academia Española es "la satisfacción por los propios actos o por la propia condición o manera de ser". Es quererse como persona, dotada de valores, habilidades y carismas. Esto en sí mismo no tiene por qué ser intrínsecamente malo. La autocomplacencia tiene más que ver con la aceptación, que con el conformismo. Que uno disfrute de su forma de ser y de actuar, no tiene nada de incompatible con trabajar en las áreas de mejora.

Vivimos en una sociedad con constantes cambios.

La tecnología nos obliga a estar al día, si te despistas, te desfasas. Cuando acabas de comprar tu último modelo de teléfono, se te ha quedado la televisión obsoleta. Está de moda el dar más, exigirse, ir más lejos, estar maravilloso por dentro y por fuera, hacer deporte y cuidarse. Pero esta corriente e imposición por la superación personal puede generar unas expectativas inalcanzables para algunos y sentimientos de frustración, la sensación de tener que estar siempre corriendo para no llegar nunca. La felicidad es hoy, es esto, está en lo que tienes, no en lo que te falta. Las personas felices lo son, no porque tengan más que los demás, sino porque su atención está puesta en lo importante.

La autocomplacencia puede ser positiva, cuando se realizan estos estadios:

- Aceptas dejar de luchar y querer controlar aspectos del entorno, incluso de ti, que ahora, en este momento, no se pueden cambiar.

- Abandonas de forma consciente la lucha, puesta en objetivos que perjudican tu felicidad. Hay personas que llevan muchos años queriendo perder kilos para meterse en una talla ridícula de adolescente. Aceptar unos kilos de más no significa dejarse llevar por la glotonería ni renunciar a cuidarse. Significa renunciar a metas, que te quitan más que lo que te aportan.

- Cuando das una vuelta a tu escala de valores, y terminas aceptando luchas internas contigo mismo, que buscan llegar a la felicidad por el camino equivocado. Acepta tu aspecto físico. Trata de ser feliz como eres. Esta idea no supone que te abandones. Come de forma sana, haz ejercicio, pero no te rechaces ni te mires con desprecio.

- Aceptas dejar de complacer a todo el mundo para ser feliz. Abandonas la necesitad de agradar y caerle bien a los que te rodean. Deja de vivir la vida de otros para ser aceptado y sentirte valorado.

- Apruebas que hay personas más bellas, más ricas, con más suerte, con más recursos o con más inteligencia que tú, pero no tienes que llegar a alcanzarlos. La envidia y querer tener más que nadie y estar por encima de todo el mundo es una batalla perdida. No te compares.

- Miras a los demás tal y como son. No puedes cambiar a las personas con las que convives. Si hay algo que de verdad sea innegociable de la forma de ser de un amigo o tu pareja, es mejor dejar a la persona que someterla a un cambio que no es capaz de conseguir.

- Aceptas otros puntos de vista, otras opiniones, otras formas de sentir y actuar. No tienes que someterte a ellos ni tienes por qué cambiar, solo aceptar que existen. Ni siquiera tienes que hacer juicios de valor.

- Asumes la parte injusta de la vida. A todos nos toca alguna vez. Mira hacia adelante y sigue caminando. No te recrees en la mala suerte ni en el victimismo. No te da soluciones ni genera emociones que suman.

- Se puede ser autocomplaciente y crítico. Se puede ser autocomplaciente y luchador. Se puede ser autocomplaciente y feliz. Se puede disfrutar de cómo eres ahora y de lo que tienes y aun así querer esforzarte para tener otra vida mejor. Los cambios que desees para ti no significan que te rechaces en el presente. Los cambios sirven para diseñar el camino y trabajar en él. No serás feliz cuando llegues, lo serás disfrutando el proceso.

Gerardo, tienes aquí un diseño, más o menos pergeñado, para puntualizar el valor de la sana autocomplacencia.

 

(Jesús Mª Iriarte Zabalo, psicólogo)

                  

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ABRIL, 2014

 

QUERERSE A SI MISMO

 

Pregunta.-

            He leído, en un artículo monográfico, que la mejor vacuna contra la depresión es la aceptación de sí mismo, cualidades y defectos. Soy Juan, desde Logroño, Calahorra. Como profesor de tantos alumnos, encuentro, con harta frecuencia, alumnos/as que se menosprecian, son tímidos, no se lanzan a las actividades o deportes y permanecen adheridos a las escamas de una tristeza endémica. Quizá, en un futuro no lejano, derive en depresión esa escasa autoestima. ¿Qué podemos hacer los educadores con este tipo de personas de baja autoestima?

 

Respuesta.-

            Un buen planteamiento existencial el tuyo, Juan. Sobre el tema de la autoestima tenemos centenares de libros y miles de artículos. Es un argumento que se aborda en cualquier escuela de psicología. Lo que toca a nosotros, es espigar las estrategias saludables para sanear ese lodazal de la baja autoestima.

            Un niño/a se aceptará a sí mismo, de la misma manera en que ha sido tratado por sus padres y compañeros. Enrique Pallarés, psicólogo y coordinador de Orientación Universitaria en Deusto, plantea el asunto de cómo tener una autoestima sana, aceptarnos incondicionalmente a nosotros y a los demás. Las diferencias de autoestima tienen como raíz varios cómputos: DNA, historia personal, entorno y la dosis de libertad personal. Del modo cómo ha sido aceptado y querido, por las personas significativas, depende en gran parte su futuro sano de vida: padres, hermanos, escuela, amigos y educadores.

La percepción de ser o no competente, para realizar sus tareas y retos, puja también mucho en su personalidad. Quien ha cubierto sus expectativas, sus metas cumplidas y el sentirse querido, favorece el crecimiento en una sana autoestima.

Existe una autoestima sana e insana. Tanto los que tienen un bajo concepto de sí mismos (Satir V., “olla alta u olla baja”), como aquellos que tienen una idea artificialmente alta corren el peligro de que derive en un desajuste o trastorno de personalidad, o en una depresión. La propia autoestima no se logra, ni contra los demás, ni al margen de los otros. Somos seres sociales (Adler & Búber) y, por esto, necesitamos del , de la convivencia con otras personas. El problema consistirá, por tanto, en cómo educar con una pedagogía saludable, en este fleco de la autoestima o la auto-aceptación. La respuesta es una perogrullada, “educando bien”.

Estadios de actuación:

- En primer lugar, aceptando al otro, incondicionalmente, lo cual no denota ser permisivo o tolerar todo lo que hace, sino con un ajustado control.

- En segundo lugar, el deseo de una continua superación, sin entrar en el laberinto de una carrera de éxitos, ni ser siempre el primero, ni falta que hace

- En tercer lugar, estimularlos en la superación de problemas u obstáculos y reaccionar con equilibrio ante los fracasos (Frankl V. E., “valores de actitud”)

- En cuarto lugar, aceptar a los demás y ser uno mismo en el grupo. William James lo señaló de modo clarividente: la autoestima depende de lo que conseguimos, o de nuestros logros y también de nuestras aspiraciones y deseos. Lo que se denomina expectativa alcanzable.

- Quinto y último requisito: amar al niño/a y estimularlo a solucionar y resolver los retos proporcionales a su edad. El niño necesita referentes y límites. Referente o modelo y talante de vida y límites a sus caprichos o excesivas descargas. Existen sus derechos  y existen los derechos de los demás. Pero, a su vez, él tiene sus deberes, sus tareas y quehaceres. Si no se cubren estas faenas o labores, la columna vertebral de su psicología quebrará y se desviará.

Momento de especial atención será la adolescencia del muchacho/a, por ser una etapa fundamental en la formación de su identidad, su conciencia y su respuesta personal a la pregunta ¿”quién soy y qué debo hacer”? (I. Kant).  Se atribuye al padre de la psicología experimental S. Freud esta frase: “amar y trabajar”, eh ahí la meta y objetivo de la educación.

Un verdadero cambio es aceptarse y acoger a los demás, pero también sobrevivir en la adversidad, como puede ser el altísimo paro juvenil (en torno al 51%, en España). Lo mismo digamos de los que se ven forzados a ir a Alemania, Inglaterra o Suecia, para trabajar en su profesión. Una sana auto-valoración y aceptación será siempre una buena vacuna contra la depresión u otros trastornos de personalidad.

Juan, eh aquí un pequeño recital de pautas de conducta, con ese tipo de alumnos, a los que aludes en tu consulta. La tarea será costosa, pero muy bella, a su vez, ya que educar es dar vida y abrir horizontes de futuro.

Jesús Mª Iriarte Zabalo, psicólogo

 

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Febrero, 2014

 

 Control con el alcohol

 

 

Pregunta.-

        Soy Iñigo y habito en Baracaldo, Vizcaya. Desde tiempo inmemorial, hemos oído hablar de las secuelas negativas de las drogas y el alcohol. Lo difícil es convencerse a sí mismo y, aún más complicado, sacar a otro de la adicción al alcohol, por sus nefastas consecuencias para la vida.

        Médicos y psicólogos estáis por la labor de crear hábitos saludables. Me encantaría que describas el panorama en este campo del alcohol, síntomas y posibles terapias.

 

Respuesta.-

            Iñigo, has dado en el clavo de muchos de los males sociales actuales, que tanto nos marcan y perjudican, como es el caso del alcohol y la droga. Por muy estudiado que haya sido el tema por expertos de distintas disciplinas, es un asunto conflictivo y difícil. Las consecuencias de la droga y el alcohol son deplorables de verdad. ¡Una lacra social! Por otra parte, en el Mediterráneo, tenemos la llamada cultura del vino, como lo más natural del mundo.

Iñigo, me da la impresión que, más que plantear el tema de los alcoholizados, como un grupo específico, quieres conocer el impacto social, que el alcohol ejerce en la masa social. Gente que no acude al médico, al psicólogo o a un centro de rehabilitación y, sin embargo, tiene dependencia del alcohol y lo consume en exceso, con la mayor naturalidad.

Las consecuencias físicas y psicológicas son lamentables: cirrosis, cardiopatías, temblor, trastornos digestivos, falta de lucidez mental…

Por ello, vamos a pormenorizar los síntomas, signos o red de caracteres que señalan dependencia, para que nuestro lector tome conciencia y decida muy en serio tener control sobre la bebida y posea hábitos saludables cien por cien.

- La persona sigue bebiendo; se vuelve violenta; reacia ante preguntas sobre la bebida; no logra reducir su consumo; inventa excusas para beber; deja de lado trabajo o estudio; deficiente rendimiento en su quehacer; no toma parte en actividades que se organizan; necesidad del alcohol, para sentirse bien; descuido en la ingesta alimentaria; descuidado, mal asueto y abandono en el vestido; trata de ocultar el consumo de alcohol; temblor, tras la bebida; alegría y euforia desmesurados; lapsus de memoria, tras la bebida; necesidad de beber más y más; síntomas de abstinencia; heptatopía alcohólica.

Con este listado, cada persona debe cotejar su situación concreta y tomar las determinaciones pertinentes. Si hiciera falta, echar mano de personal competente. El consumo de alcohol es un problema multifactorial, donde entran muchos elementos complicados. Un período difícil es la adolescencia, donde se adquieren las futuras conductas ante el alcohol. Es un período de inestabilidad, de búsqueda, de cambios y hasta oposición a las normas.

Los jóvenes que consumen alcohol están más expuestos a iniciar una actividad sexual temprana, situación que les expone a un mayor riesgo de enfermedades de transmisión sexual o embarazos no deseados.

Los adolescentes que abusan de alcohol, son 4 veces más vulnerables en la depresión severa. El alcohol incrementa la vulnerabilidad de los jóvenes frente al consumo de sustancias adictivas. También el alcohol afecta a la absorción de nutrientes en el intestino delgado, perjudicial para el crecimiento.

Por otra parte, hay una correlación importante entre alcohol y violencia. También, dentro de la adolescencia, el consumo de alcohol incrementa 4 veces la probabilidad de padecer trastornos de personalidad (Ezquer)

Además, la OMS (Organización Mundial de la Salud) considera un riesgo el consumo moderado de alcohol, aun siendo ocasional, en edades inferiores a 18 años. Los padres deben aprender a poner límites claros a sus hijos e hijas adolescentes, conociendo el entorno en que sus hijos se mueven y alternan. El diálogo claro es una arma excelente. Lo mismo decimos de la educación en valores, como el altruismo y la solidaridad, en oposición a sensaciones fuertes y extravagantes.

Tengamos autocontrol  y caminemos en armonía y hábitos saludables. Con todo, bien sabe la comunidad científica que, beber un vaso de vino en las comidas, y si es de buena  calidad, mejor todavía, no sólo no perjudica la salud, sino que es digestivo, antioxidante y beneficioso para la salud (investigación en la década de 1990)

Iñaki, aquí tienes una panorámica de cómo se afronta hoy día el tema del alcohol, síntomas y otras perspectivas.

 

Jesús Mª Iriarte Zabalo, psicólogo

 

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  DORMIR, COMER Y VIDA PLENA (Enero,2014)

 Pregunta.-

         Los consejos de toda pedagoga/o son casi siempre los mismos: estar tranquilos, descansar, dormir, control del ansia, beber agua, hacer ejercicio. Estas pautas me han servido, como tónica general, en mis años de enseñanza. Soy Pedro Luis, de Jaca. Pero uno quiere superarse y estar al tanto de lo que hoy la ciencia psicológica ha descubierto, para mejorar el rendimiento y la vida toda. ¿Podrías incluir un artículo sobre este tema, en recientes investigaciones de la psicología?

Respuesta.-

         Es positivo volver y volver a los criterios que ha propiciado el avance en salud y educación de los pueblos. Lo que señalas, Pedro Luis, sigue siendo válido. Tanto en el momento de los exámenes, como en cualquier actividad profesional, esos estilos que señalas, siguen teniendo vigencia.

         Claro que la genética influye en el rendimiento escolar y en cualquier otro tipo laboral. Pero no es tan determinante como algunos piensan. La estimulación, la motivación y el entorno marcan de modo muy destacado en el rendimiento (Maya Elcarte N., 2013)

         Innovación, creatividad, competitividad y estimulación son hoy pirámides que pujan fuerte. Hay que conocer el cerebro humano para la excelencia del rendimiento en estudios o en otros quehaceres socio-laborales. Para la profesora Maya Elcarte la mitad del rendimiento depende de su estimulación y entorno familiar. De modo muy principal los cinco primeros años son decisivos, pues el aprendizaje es potentísimo. Lo genético influiría en un 30% nada más.

 En el camino de la estimulación, según edades cronológicas, no es cuestión de atiborrar al niño/a de nuevos horizontes, ni poner de frente todas la carreteras que van a recorrer en su existencia. Es sólo cuestión de despertar la atención y la sana curiosidad infantil. La preadolescencia es una época interesante para aprender normas morales o reglas de juego en la vida: responsabilidad social, ética y otras plataformas. El cerebro, del que afirmamos en el número anterior que sobrepasaba los diez billones de células, es muy plástico y dúctil. Aprovechemos ese evento vital.

         La citada Dra. Maya señala cinco factores influyentes en el rendimiento: tranquilidad emocional, descansar tras las horas de estudio, (cada 50 minutos, diez minutos de pausa), dormir suficientemente según la edad (un buen sueño asienta lo aprendido), comida e ingesta equilibrada (no es buen momento para regímenes de adelgazamiento. Comer de todo, sobre todo agua y azúcares) y el ejercicio físico diario (para oxigenar la sangre, que llega hasta el cerebro y aporta más azúcar)

        Es bueno que el ser humano se haga fuerte ante cualquier tipo de emociones adversas. Es importante aprender a convivir y aceptar determinadas emociones negativas. Dichas emociones son protectoras del bienestar. El psicólogo y doctor Peñate señala que podemos pensar y hacer cosas casi contradictorias, aunque parezca que un dolor agudo nos paraliza. Es “pasar del no hago eso, porque estoy desanimado, al estoy triste y lo hago” (Peñate). Tenemos sufrimiento, pero también alegría, ánimo, sosiego y coraje. “No estoy pasando por la mejor época de mi vida, pero puedo hacer algo”, oímos con frecuencia. Si nos lanzamos a la senda positiva, lo pensamos y lo sentimos, llegaremos a la acción, logrando nuestras metas.

La vivencia de un trauma, como el accidente del Alvia, cerca de Santiago, ¿necesitamos sufrirla toda la vida? No tiene por qué ser así. Cerca de un 30% desarrolla un estrés postraumático y el 20% lo hará con demora. Para la mayoría de los sujetos involucrados de algún modo en el accidente va a superar el trauma y ajustar su vida, sin tratamiento psicológico o farmacológico. Ello denota que estamos “bien equipados” (Peñate)

“Estar tranquilos, descansar, dormir, control del ansia, beber agua, hacer ejercicio” -como señalas Pedro Luis- es una buena síntesis de lo que nos conviene para estar en plena producción. Añadamos el coraje ante situaciones adversas, la continua estimulación a superarnos, una buena ingesta alimentaria, la innovación y competitividad en los proyectos.  Con estos rasgos tienes un vino gran reserva, Vega Sicilia, de la educación.

 Jesús Mª Iriarte Zabalo, psicólogo

          (Publicado en Revista El Mensajero de San Antonio)

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