de San Antonio
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LA IDENTIDAD DE LA VIDA RELIGIOSA

 

 

Introducción

 

 

 

El nacimiento de una nueva sociedad en estos últimos años marcada por el materialismo, el progreso científico y técnico, la indiferencia religiosa y la perdida de los valores éticos cristianos, cuestiona a la Vida Religiosa, que vive inserta en esta sociedad. El proceso de renovación de la Iglesia después del Concilio Vaticano ha hecho que los religiosos ya no somos los que éramos antes del Concilio, pero ¿quiénes somos hoy ante la sociedad? ¿Mantenemos nuestra identidad? Después de una reunión de la CONFER de Aragón, mientras regresábamos a nuestros conventos, un religioso escolapio me decía: "Lo más grave de la Vida Religiosa de hoy es que hemos perdido nuestra identidad". Y yo sigo pensando lo mismo. Por eso, vamos a tratar este tema.

 

 

 

1. Importancia de la identidad religiosa

 

 

 

Cuando hablamos de identidad nos referimos a ser unos auténticos cristianos y religiosos. Ser lo que tenemos que ser. Escuchemos la Palabra de Dios en los siguientes textos.

 

 

 

- "Vosotros sois la sal de la tierra. Si la sal se desvirtúa, ¿con qué se salará? Para nada vale ya, sino para tirarla a la calle y que la gente la pise"(Mt.5, 13-14)

 

 

 

- "Al amanecer, cuando volvía a la ciudad, sintió hambre; y viendo una higuera junto al camino, se acercó a ella, pero no encontró en ella más que hojas. Entonces le dice: « ¡Que nunca jamás brote fruto de ti! » Y al momento se secó la higuera. Al verlo los discípulos se maravillaron y decían: « ¿Cómo al momento quedó seca la higuera? » Jesús les respondió: « Yo os aseguro: si tenéis fe y no vaciláis, no sólo haréis lo de la higuera, sino que si aun decís a este monte: "Quítate y arrójate al mar", así se hará. Y todo cuanto pidáis con fe en la oración, lo recibiréis. » (Mt. 21, 18-22)

 

 

 

- "Al Ángel de la Iglesia de Laodicea escribe: Así habla el Amén, el Testigo fiel y veraz, el Principio de la creación de Dios. Conozco tu conducta: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca. Tú dices: « Soy rico; me he enriquecido; nada me falta ». Y note das cuenta que eres un desgraciado, digno de compasión, pobre, ciego y desnudo. Te aconsejo que me compres oro acrisolado al fuego para que te enriquezcas, vestidos blancos para que te cubras, y no quede al descubierto la vergüenza de tu desnudez, y un colirio para que te des en los ojos y recobres la vista. Yo a los que amo, los reprendo y corrijo. Sé, pues, ferviente y arrepiéntete. Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo" (Ap 3, 14-20)

 

 

 

2.¿Qué entendemos por identidad?

 

 

 

Podemos distinguir varios elementos.

 

 

 

- Identidad personal.

 

 

 

Se trata de un conjunto de datos que nos distinguen de otras personas y que se encuentran en el conocido "carné de identidad".

 

 

 

- Identidad cristiana.

 

 

 

No hay que hablar de nuestra vocación específica, por ejemplo, yo soy capuchino o hermana de la Caridad, sin afirmar que ante todo "somos cristianos", y que nuestro principal y fundamental proyecto de vida comienza por ser auténticos creyentes y seguidores de Cristo. Todos los cristianos tenemos una identidad común, todos estamos llamados a la santidad y a la edificación del Reino de Dios. Cuando Cristo predica el evangelio no está pensando en frailes y monjas.

 

 

 

- Identidad religiosa.

 

 

 

Nuestra identidad religiosa no hay reducirla al cumplimiento de los votos. Lo que nos fundamenta y caracteriza a los religiosos es una "relación apasionada con el Dios que salva a la humanidad y que se constituye en centro y plenitud de nuestra vida. Como dijo el Papa Juan Pablo II: "Vosotros los consagrados elegís al Señor como criterio último de identificación". Por tanto, aspiramos a una identificación total con Cristo hasta poder decir:"Vivo yo pero ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí" (San Pablo).

 

 

 

3. Proceso de renovación e identificación de la Vida Religiosa

 

 

 

La Vida Religiosa ha vivido en estos últimos años un proceso que ha afectado mucho a su identificación.

 

 

 

- La profundización en el carisma propio. El Concilio nos invitó hace más de 30 años a volver a lo que se llama "el patrimonio de cada Instituto", su distintivo peculiar de seguir a Cristo, el carisma. Cada Orden y Congregación tiene el suyo como regalo de Dios para el bien de la Iglesia. El carisma recibido de Dios es lo que nos distingue de otros Institutos Religiosos y ha de tener dos notas: Fidelidad: Se nos pide ser fieles a él; y creatividad: Los tiempos cambian y hoy tenemos otros nuevos pobres, por ejemplo, que no existían en siglos pasados. Continuamente nos tenemos que preguntar cómo adaptar nuestro carisma a los nuevos tiempos. El contenido no puede cambiar, pero sí las formas de realizarlo en nuestro tiempo.

 

 

 

- Reinserción en la Iglesia. En segundo lugar, el Concilio nos marcó una progresiva inserción en la Iglesia y la participación activa en las parroquias. No se puede vivir la Vida Religiosa al margen de la Iglesia local, interesándonos por sus problemas.

 

 

 

- La inserción en la realidad. Los religiosos/as no somos del mundo, pero tampoco podemos vivir al margen de los problemas de la humanidad. Más aún, Cristo nos ha dicho: "Sois la luz del mundo y la sal de la tierra". Somos ciudadanos de nuestra sociedad con todo lo positivo o negativo que posee.

 

4.Causas de la posible crisis de identidad de la Vida Religiosa

 

- La primera causa es la formación recibida antes del Concilio. Hay religiosos mayores que dicen que hasta el Concilio Vaticano II habían vivido con una formación espiritual propia del siglo XIII. Y es que parece que todo estaba paralizado. Se mantenían unas estructuras Reglas y Constituciones con toda rigidez y muy lejos de la evolución cultural del mundo. El Concilio mandó una Reforma de las Constituciones, una puesta al día según la teología conciliar, y también toda la Iglesia se puso en actitud de reforma. Surgieron nuevas teologías, y nuevas formas de interpretar la Biblia, la moral, la liturgia, el nuevo Derecho canónico, etc. Esta "nueva formación" humana, cristiana y religiosa que ha surgido después del Concilio ha sido difícil de asumir por muchas religiosas y religiosos. Incluso algunos se niegan a asistir a cursillos y a clases de formación permanente. Esto provoca crisis personal y crisis de identidad religiosa, aunque antes del Concilio también había grandes santos, pero eso no justifica la pasividad ante la reforma. Cuando una Comunidad se cierra en el pasado y quiere seguir con sus esquemas de espiritualidad de antes del Concilio, está perdiendo su identidad. Hay que ser actuales, pero con el espíritu propio del carisma vocacional.

 

- La segunda causa ha sido la manera ingenua o poco crítica de insertarnos en la realidad. Son muchos los religiosos que se han insertado en el mundo y han terminado mundanizados, perdiendo su verdadero espíritu religioso. Hay un libro que se titula "En el mundo desde Dios", y en él se defiende que el religioso debe estar inserto en el mundo, viviendo los problemas de los hombres, trabajando por el bien de las personas, pero sin perder su identidad religiosa.

 

- Y finalmente, la causa más importante de esta crisis está en la debilidad de nuestra misma experiencia de fe. La ola de secularismo que invade nuestra cultura contemporánea también se ha infiltrado en los conventos. Se habla mucho de las debilidades de la vida religiosa como la falta de vocaciones, el envejecimiento de los religiosos, pero casi nadie habla de lo más grave que pasa en las Comunidades y es la calidad de vida religiosa, la falta de fe y experiencia de Dios, la ausencia de personas locamente enamorados de Dios. Por ejemplo, signo de una falta de fe viva pueden ser, según yo observo que un religioso se esté quejando de que tiene que celebrar dos misas un domingo, que no tenga ganas de salir a predicar, que deja con frecuencia de asistir a los actos comunitarios de oración, que lleva una vida individualista y comodona sin interesarle nada el trabajo y el servicio de la comunidad, etc. Y esto se ve. ¿Pasa en todas las Comunidades? Yo soy testigo de lo que veo y observo en muchas. 5. Algunas consecuencias de esta crisis de identidad

 

- La falta de vocaciones en los países de occidente. Esta es una de las primeras consecuencias de nuestra crisis de identidad. Todas las Congregaciones Religiosa de España y Europa están experimentando esta crisis. Muchos elementos concurren a ella, como por ejemplo: el bajo índice de natalidad, la pérdida del espíritu cristiano de las familias, la falta de fe de los jóvenes; pero a esto hay que añadir que la juventud cristiana parece que no acierta a descubrir en los religiosos una identidad bien definida, un proyecto o etilo de vida que les arrastre con fuerza. Muchos jóvenes cristianos prefieren elegir un voluntariado o una ONG o un movimiento laical de la Iglesia comprometido en obras sociales. En definitiva, nos les atrae la Vida Religiosa.

 

- Cierto malestar en las Comunidades Religiosas. La ausencia de vocaciones va creando un malestar en muchas comunidades por un doble motivo: Primero, porque para mantener las obras que llevan entre manos como colegios o residencias, se ven obligadas a llevar una vida con un exceso de trabajo que perjudica a su salud física y espiritual. Y en segundo lugar, son muchos los que sufren a la hora de plantearse el cerrar un Convento, o dejar una parroquia o un colegio, porque lo consideran como un fracaso.

 

6. Medios para superar la crisis de identidad

 

- Hay que recuperar la conciencia de ser consagrados por Dios. La mayoría de las personas entendemos que la vida consagrada consiste en entregarse a Dios, es decir, como acción humana. Y olvidamos lo principal que es el ser consagrados por Dios". El primer consagrado por Dios fue Jesucristo, que en el bautismo experimento el amor del Padre y fue ungido por el Espíritu Santo. Por eso, se apropiaba las palabras de Isaías, diciendo: "El Espíritu del Señor está sobre mí y me ha u”ungido. Todos hemos sido consagrados y santificados por Dios en el bautismo. La palabra consagración habla ante todo de santidad. Y por tanto, somos santos y estamos llamados por Dios a una vida santa. "No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido para que vayáis y deis fruto ".

 

- El seguimiento radical y apasionado de Cristo El seguimiento es lo más esencial de la identidad cristiana Y religiosa. No es algo accidental. El seguimiento de Cristo tiene que ser un modo de existir reproduciendo la vida de Cristo. Todos tenemos que afanar corno el apóstol Pablo: "Para mí el vivir es Cristo Y el morir una ganancia. Todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo. Por Él lo perdí todo ". Este seguimiento es un "proceso", una tarea permanente de toda la vida, que exige una conversión continua por identificarse con Cristo y vivir "por Él y como El". San Ignacio en sus Ejercicios Espirituales habla de llegar a poseer un "conocimiento interno de Jesús para más amarle y seguirle". Y este conocimiento interno se realiza primordialmente por la oración prolongada y perseverante sobre el evangelio de Jesús. Esta bien estudiar la Sagrada Escritura, pero tiene que ir acompañada de la oración para que toque nuestro corazón y transforme nuestra vida.

 

- La vivencia del propio carisma. Dios te ha Unido para ser santo siguiendo una vocación específica, siendo Hermana de la Canales, o Clarisa Capuchina, etc. El carisma de la Orden se concentra en el cumplimiento de la Regla y Constituciones, que tienen que ser para nosotros como un espejo en el que nos tenemos que mirar todos los días. Cuando Yo me miro al espejo, descubro a veces manchas o aspectos negativos que no conocía. Igualmente, cuando una religiosa lee y medita las Constituciones, descubre que hay muchos fallos en su vida, que es necesario corregir. Damos por supuesto que ya sabemos bastante de la vida de los Fundadores de la Orden y de las Reglas y Constituciones, pero estoy convencido que el estudio más asiduo de las mismas nos adeudarías a recuperar nuestra identidad. Si tú lees que las Constituciones te mandan hacer una "hora entera de oración", esto te crea un seno interrogante: ¿Cumplo o no cumplo con esta norma? La Regla y Constituciones son el proyecto que Dios nos ofrece para ir caminando hacia la santidad.

 

Puntos para la oración y reflexión personal

 

- Meditación sobre los siguientes textos: Mt 5, 1 a- 14, Mt 21, 18-22; Apo 14-20.

 

- ¿La crisis de identidad religiosa es real en tu vida o en la Orden? ¿Cuáles son las verdaderas causas?

 

- ¿Qué consecuencias trae esta crisis, esta forma de vivir la vida religiosa con mediocridad y tibieza para ti y para la Iglesia?

 

- ¿Qué importancia les das al conocimiento y vivencia de tu propio carisma?

 

- ¿Qué medios concretos puedes poner en práctica para superar la crisis y ser una auténtica religiosa?

 

(Resumen del articulo de Josune Arregui, publicado en "Frontera Hegian")