de San Antonio
   Paseo Cuéllar 10-18. 50006 ZARAGOZA dirmensajero@teleline.es

LA CONFIANZA EN DIOS
 

En cierta ocasión un náufrago profundamente creyente pedía y confiaba mucho en Dios, pero  no supo ver su mano en aquel momento donde, en la soledad de una isla, se debatía entre la vida y la muerte. 

 

Llegó una embarcación y el capitán le invitó a subir a proa; el náufrago le contestó: “váyase tranquilo; yo confío en Dios”- 

 

Al día siguiente un submarino se percató de la presencia del accidentado y nuevamente le pidieron que recapacitara en su postura y que embarcase; “váyanse tranquilos…confío plenamente en Dios”. 

Por tercera vez un trasatlántico atisbó las circunstancias trágicas en las que se encontraba el solitario náufrago convidándole una vez más a abandonar la isla. Ante su negativa el crucero siguió su curso.  

Cuando pasaron los días y las fuerzas se fueron debilitando el náufrago cerró ojos y se presentó ante Dios increpándole: “¡Cómo no has hecho nada por mí en los momentos de peligro!” “¿No te das cuenta el ridículo en que me has dejado ante mis familiares y amigos cuando yo tanto esperaba de Ti?”.

Entonces Dios le cogió por el hombro y le contestó: “Amigo, tres embarcaciones te envié y no quisiste ninguna”.